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viernes, 19 de octubre de 2012

LAS MUJERES QUE HAY EN TI...





¿Cuántas mujeres hay en ti? Me pregunto mientras te escribo sosteniendo en la mano derecha un cigarrillo, llenando de cenizas el teclado obsoleto del ordenador, mi izquierda le da play al reproductor que toca por cuarta vez esa canción que me recuerda tanto a ti, a mí, a nosotros.

Estoy enamorado de todas las que puedes llegar a ser, de las que nunca serás, de las que nunca intentaste y de la que eres. Naturalmente, me cruzo con todas ellas, debido a tu múltiple desorden de personalidad es que están enredadas entre sí, como los pasadores de tus zapatillas. Además, de conocer todos tus temores, miedos, anhelos, aciertos, desaciertos, misterios, confesiones, lágrimas, risas, odios y de tu amor, de ese amor que es extraño y a veces no lo entiendo, o viceversa. De esa chica medio hippie-revolucionaria, de la promiscua y dulce, de la chica calculadora y misteriosa. En suma, amo a todas, porque todas tienen algo de ti.

La Misteriosa: Que está más allá de la lógica, lo común, de lo convexo. A esa la conocí hace más de un año, y sin saberlo también se enamoraría de mí con el devenir del tiempo. En aquel entonces no sabía nada de ella, ni siquiera su entrañable nombre, solo recordaba el brillo de sus ojos al mirar, al llorar, al reír; la misma que me presento mi mejor amigo, una tarde de julio, mientras salía a fumar un cigarrillo, sin saber si volvería a poder hablar con ella. Hasta un mes después, Ella cursaba los primeros ciclos de la Universidad, entusiasmada con sus clases de Jurisprudencia romana, latín y Derechos de personas I; le fascinada la vida bohemia del Centro, la belleza de las personas, perdimos horas caminando sin sentido por la alameda. Quien escuchaba mis monólogos y unipersonales sin reclamos ni enojos, empezó a salir conmigo sin querer. Algunos viernes, se volvieron nuestros días, sin embargo, jamás sabré si ella sabía de mis claras intenciones de ser algo más que su amigo, por aquel entonces ligera como siempre, salió con otro chico, con lo cual creí que sería el fin y no volvería a verla, pero ella me dijo, “que no significaba nada para ella”- la frase me dio esperanza y me disgustó, pues, a mi no me gustaría tener una novia que salga con otros muchachos que la aborden. No obstante, no importaba verla mucho, para saber que algo había surgido entre nosotros, quizás sin saberlo.

La revolucionaria: Fue una de las que me dejó impresionado y la que recuerdo con mayor nostalgia, con sus locas ideas y la de sus amigas, que doctrinaba su vida, ella hablaba de revolución, una actitud hippie de querer cambiar a la raza humana, quería rescatarme de la vida frívola que según ella ostentaba, Fue la misma que me contó gran parte de su pasado, que me decepcionó un poco. No obstante, fue esta a la que bese por primera vez.

La superior: Las veces que no te pude ver creí que era porque te faltaban ganas, que no me soportabas, que mis malas palabras te alejaban, que te habías dado cuenta de lo mal que te hacía, de lo nocivo que era mi presencia, en general, para la humanidad. Y sin embargo, cuando acabaste el ciclo, me sorprendió saber que tenías calificaciones resplandecientes. Habías hundido a todos esos abogados con el ego inflado, que se aplauden entre ellos, pero ahora tendrían que aplaudir su segundo lugar porque tú eras la primera, Seguramente le robaste horas a la noche, para leer línea por línea tu tan querido Código Penal. No te lo he dicho claramente pero me enorgullece que seas para mí la número Uno de tu clase. Y me avergüenza haberte reclamado que pases más tiempo conmigo, pedirte más salidas los fines de semana, pero ahora prometo defender tus buenas calificaciones, sino de la única manera que puedo: viéndonos menos y sólo cuando tú lo desees.

La ligera: Fue la que rompió mi corazón dos veces, y que me hizo llorar unas tres. Lo único que me importaba después de eso era comprar cervezas, fumar luckys, y ser invitado por mis amigos para tomar a donde me llevasen. Andaba ebrio la mayor parte del tiempo, ya que siempre me decías verdades a medias o poco creíbles. A la que insulte sin piedad, usando todos los adjetivos posibles para denigrar a una mujer en mi soledad, cuando no pude reconocer sus errores y mas no pude sacar de mi mente lo que me había dicho. Sin embargo, la seguí, persistí, la alcancé y me dejó entrar en ella, como pidiendo ayuda, siempre creí que yo era quien te rescataba pero fue ella quien me rescató a mí y me dio otra visión del mundo que antes no conocía: ser tolerante y tener confianza sin tener confianza, aunque de vez en cuando la idea de ser un victimario más en su lista me asustaba.

La trotamundos: Fue la que muchas veces no se encontraba en si misma, llevándose un poco de mí a donde iba, esté de donde esté, tratando hablarme siempre que podía, a la cual llamaba de vez en cuando, para escuchar su voz y saber si ella estaba bien, fue la que más falta me hizo, la que antes de partir me entregaba todo su amor, y yo le regala todo mi cariño, la que no le gustaba las despedidas, y la que más veces se fue. Ella es y será una de las que amé yo, pues fue entonces cuando entendí que estaba perdidamente enamorado, los días, las semanas, los meses que no estuvo a mi lado, la extrañe como nunca, y llore un par de veces para que regresara pronto, nunca un calendario fue tan despreciable, y que con el tiempo sé que volverá a partir, siempre al regresar me llenaba de besos, abrazos, recuerdos, anécdotas y de vez en cuando se acurrucaba en mí.


La hermana mayor: Quizás muy pocos conozcan esta faceta en ti, que tu eres una persona muy tierna, la cual cuidas a tu primo como un hermano, al cual extrañas cada vez que no está contigo, el que se encarga a veces de alegrarte la vida.
La Freak: Es la que odia las etiquetas pero etiqueta a los que no son como tú y tus amigos, detestas el latín, las comedias cursis, le gustan las películas de terror y casi cualquier género, las balabas te enferman, gustas por libros de autores desconocidos y la literatura bizarra, admiras a los homosexuales, por definir abierta su opción sexual y quizás porque una vez dudaste y experimentaste en ti misma. Odias las fiestas y prefieres las reuniones. Por eso, te molesta las chicas que pierden tanto tiempo en maquillaje, vestido, peinado.  Sabes que para verte linda, simplemente necesitas un buen duchazo, un par de polvos, sombras por aquí y por allá, para ver la belleza natural que posees.

Aún guardas con poco de ellas, las risas, los abrazos, los besos, las peleas y reconciliaciones, siempre traté aprender algo de todas, no sé si hubo un compañero para cada una de ellas, pero sí que las quise a todas.

¿A qué otra mujer conoceré ahora?





jueves, 7 de junio de 2012

Chico, tienes que cuidarte! :D

[POST RETRASADO - FECHA ORIGINAL 03-06-12]
Es Domingo por la mañana y estoy tumbado en mi cama con 39 de fiebre. Mi cuerpo no ha soportado el maldito fin de semana y ha caído, abatido, extenuado, viejo al fin, presa de un catarro y de unos malditos escalofríos que son como electroshocks de mediano voltaje.
No solo me tortura el dolor de cabeza, sino también el resfriado, que se manifiesta con esa minúscula pero profusa catarata de mocos que fluye al interior de mi nariz y que trato de contener infructuosamente con perecibles pelotitas de papel higiénico. 
Lo peor es que, como soy alérgico a casi todas las medicinas, y con la recomendacion del doctor solo puedo tomar tabletas de Panadol, cuyo sencillo compuesto generico no le hace ni cosquillas a esta puta fiebre otoñal. Y para empeorar toda la situación me dan los resultados de mi ultima análisis de sangre, francamente es mejor no hablar de ello.
No sé si lo que más me molesta es el resquebrajamiento temporal de mi salud, o esta sensación de absoluta inutilidad y dependencia. Refundido sobre el colchón, soy un completo cero a la izquierda. Si no fuera por mi mamá –que cada dos horas viene desde la cocina trayéndome un té con limón y paños de agua fría– sería hombre muerto.
Por si fuera poco, no solo estoy enfermo, sino también adolorido. Hace dos días se me ocurrió jugar fulbito con unos amigos del Cole, hice un movimiento de pierna algo grotesca, y me realice "nose como francamente, un corte en un ligamento". Inmediatamente sentí una aguijoneada en pierna y en el pie derecho. Pensé que se trataba de un típico mal movimiento, nada serio, quizá un ‘aire’, como les gusta decir a las mamás. Al día siguiente, sábado, no pude soportar más las punzadas y volé a la consulta de la doctora,  junto a mi madre. La doctora que me revisó en una camilla de Emergencia no tuvo ninguna duda al momento de darme su frío diagnóstico: “uy, hijo, tienes una fisura de cuidado en tu pie derecho, tienes que pasar dos días en total reposo”.
No sé ustedes, pero yo relaciono la palabra ‘fisura’ con aquel viejito achacoso y reumático que salía en la propaganda de Dencorub hace años y que, para probar su vigencia atlética, le zampaba una nalgada a la enfermera cuando pasaba delante de su silla de ruedas.
Cuando la doctora me explicó la naturaleza de la lesión, me sentí viejísimo, acabado. ¿Yo? ¿Fisura? Imposible, pensé. Tanto me costó asumirlo que le mentí a la doctora acerca de los cuidados que tomaría para evitar un recrudecimiento. Le prometí aplicarme la pomada que me recetó y refugiarme todo el fin de semana en la tranquilidad de mi habitación. Por dentro, claro, sabía perfectamente que no iba a obedecer un ápice de sus instrucciones.
Cuando regresé a casa, mi hermana me interrogó: “¿y qué te dijo la doctora? Seguro que tienes que quedarte en cama”. “No, no es nada, una cosa muscular, nada más”, mentí otra vez.
Llegó el sábado por la tarde, me fui muy de prisa de mi casa con destino a la Parro, forcejeé tratando de soterrar los rigores de la fisura, me mentalicé dándome ánimos, repitiendo en voz alta que no era ningún viejito de mierda, e hice todo lo contrario de lo que sugería la señora doctora. Hice algunas dinamicas, corrí, hice todo con total regularidad, de un lado a otro ahí nomas –¡crack!– sentí que mi pierna se partía como si fuera una galleta de vainilla.
“Auuuu, carajo”, grité, cerrando los ojos sin poder reincorporarme, ante la mirada desconcertada de Patty y de la gente que estaba alrededor, que no entendía en qué diablos consistía ese nuevo y extraño comportamiento dentro de mi grupo. Un despistado taradin, creyendo que yo solo me encontraba bromeando no tuvo mas idea que imitarme, quedándose el de rodillas a mi lado, moviendo los hombros y sonriendo como un tarado. El individuo se demoró un largo minuto en percatarse de que lo que me tenía ahí, en cuclillas sobre el cemento, no era precisamente hacerlaes una jodida broma como siempre, sino era e maldito dolor de la  jodida Fisura.
Al final logré recuperar mi estabilidad y, doblado, en ángulo de noventa grados, chillando de dolor y de vergüenza, fui hasta donde estaban mis amigos para suplicarles que me llevaran de inmediato a mi casa.
Fue gracias a esa osadía estupida de no hacer caso a las sugerencias de la doctora que ahora estoy aquí, tieso, macilento, vendado, soportando los hincones de la contractura y la calentura inmisericorde de la fiebre.
Es en momentos como estos que le reclamo a la vida una novia, una chica que me engría, que me cuide, que me provea de mimos y que me tome la temperatura, y se quede a mi lado leyendo revistas, mientras yo me recupero.
Aunque, claro, tal vez no sea una buena idea del todo, considerando que también en la enfermedad los novios se las arreglan para ejercer uno de sus pasatiempos favoritos: discutir.
Si es uno el que está enfermo, reclamará hasta el chantaje sentimental que la pareja permanezca al filo de la cama y se olvide de sus planes de diversión. Por el contrario, si es el otro el que cae constipado, uno tratará de hacerle entender que su estado, por muy delicado que sea, no puede recortar la libertad de nadie. En ambos casos, uno siempre exagerará su postura para ganar la pulseada y promoverá maquiavélicamente una gresca para hacer sentir mal al otro.
No se porque estos casos ya me parecen tan comunes, el devenir de mis amigos se encuentran en ellos, tales son las oportunidades que ellos ya saben como actuar, dichas perturbaciones sentimentales por parte de sus novias son:
–“Si quieres anda y diviértete con tus amigas, cof, cof (tos de mentira). No te preocupes por mí. Me quedaré aquí, aburrido, postrado en el lecho del dolor, viendo entre sueños la escuálida cara de la muerte”.
–“Ay, amor, no seas trágico. Hoy es mi fiesta de fin de ciclo. No puedo dejar de ir. El plan era ir contigo pero no puedes. Además, me he quedado contigo desde la mañana”.
–“Está bien, anda, yo no te retengo, pero que conste ah. Cuando tú estés enferma y mis patas organicen una encerrona, yo no me quedo contigo ni a palos”
–“Pero no vas a comparar, pues, gordo. una fiesta que estaba planeado desde hace meses, en cambio los malogrados de tus amigos se reúnen todos los fines de semana. No seas egoísta”
–“¿Perdón, dijiste ‘malogrados’? ¿Por qué hablas así de mis amigos ah? Sabes qué, ya, anda nomás con las aguantaditas esas de tus amigas. Déjame aquí, enfermo, yo me las arreglo”
–“Está bien, me voy” (con portazo de puerta)
–“¡¡¡Chau, vete, miserable, y ni siquiera se te ocurra llamarme para ver cómo estoy. Y ojalá que se pudran todos en esa fiesta de medio pelo!!!!”
Polémicas como esa se desatan entre los novios cuando uno de los dos cae infectado por un virus. A pesar de esa posibilidad, qué bien me caería en estos momentos una enamorada que se la juegue por mí.
Uno de los argumentos que más utiliza mi mamá cuando quiere convencerme de que tengo que encontrar una mujer que me ayude a centrarme en la vida, precisamente con ese punto. “Un hombre siempre tiene que tener a una mujer a su lado. El hombre protege, pero la mujer es la que cuida”, me dice mi mami, mientras me alcanza otra taza de té con limón, y me unta Mentholatum en los bordes de la nariz como cuando era niño.
Ella me habla, y en sus ojos parece proyectarse una de esas escenas del pasado donde ella, esposa abnegada y servicial, cuidaba a mi papá. “Me haces acordar a tu papá, que era un inútil cuando se resfriaba”, me dice, riéndose, y yo me río con ella y juntos nos ponemos alegremente tristes.
Cuando estás enfermo y tienes novia también puedes beneficiarte intercambiando información sobre el modo en que ella aliviaba sus males cuando era niña. Con la novia compartes e intercambias útiles remedios caseros, medicinas domésticas, tradiciones de familia, impagables secretos de las abuelas.
Ahora, con la lap top de mi hermana  sobre las rodillas, me meto al Messenger y encuentro a Majo, una linda chica, amiga de la infancia que hoy se encuentra en arequipa estudiando y que se ha compadecido de mí a través del chat. Le digo que estoy enfermo, con fiebre y malestar, y me sugiere tomar un ‘Huaracazo’.
–¿Qué es eso, Majo, acaso me quieres envenenar?
–Ja, no seas tonto. Es un remedio infalible. Dos cucharadas de pisco, una de miel de abeja, un limón exprimido y agua caliente. Ya vas a ver. Varias generaciones de mi familia se han quitado la gripe con eso.
–Mil gracias, amiga, eres oficialmente mi enfermera on line
–Qué buena. Te prometo que en carnavales me disfrazo de eso: enfermera on line. Ja, ja, ja. Mejórate, chico, un beso y no te calatees pues.
Efectivamente, el ‘Huaracazo’ de Majo palió los síntomas más bravos de la gripe. Pero aún sigo tumbado en mi cama, con un dolor por la Fisura que –para decirlo bíblicamente– me hace ver a Judas en traje de Adán.
Me siento débil. Hace tiempo que no añoraba tanto la compañía de alguien. Espero recuperarme pronto y levantarme de esta cama de porquería y volver a trabajar.
Ojalá que la próxima vez que la enfermedad me tumbe, haya alguien al costado que me acurruque, que me haga piojito en la cabeza; que me rasque la espalda ahí donde mi brazo no llega; que me aplique delicados masajes; que resuelva crucigramas conmigo; que compre películas (aunque sea piratas) y se siente a verlas sin miedo de que la contagie; y que así, con todo su desinteresado afecto, evite que me ponga a escribir textos desesperadamente patéticos como este. JAJAJA debería estar muerto creo yo, pero lamentablemente la vida no me quiere dar soluciones tan fáciles, es hora de zafar, no tengo mas opciones, me he metido en demasiados conflictos, así como he visto a judas con el implacable dolor, en la vida real vi a un judas que me causo mas dolor que una patada en la webos, ahora me encuentro solo, pero creo que en el fondo necesitaba tiempo para pensar muchas cosas, y aun necesito mucho mas, siempre con muchos conflictos todos y yo siempre ahí tratando de ayudar a los demás, pero nunca me preocupe por solucionar mi conflictos.

Creo que es momento de arreglar todo lo que hice mal, todo aquello que hasta escondía de mi.

sábado, 14 de abril de 2012

LA FINALE



Silencios que ensayan sombras
e inciertos brotes de ambiguedad
Unos labios entre brumas
Y una boca ciega que aun podia mirar
y siempre estuve arañando tu sombra
envolviendome en tu aroma y en tu andar
Maldecire por siempre al tiempo
el no haberte conocido sino hasta hoy
Me gusto ese no hablar
y tu rubor abierto, porque andabas sin mirar
Y ni pensar en buscar alguien que se parezka un poco a ti,  
Un poco a ti, naranana
No volvere a buscar palabras
ni heroicas frases de amor
Pero hubiera deseado que me tomes en cuenta
ese silencio nuestro al final fue mortal
No oire mas una cancion, ni una palabra tuya
Y no oire nunca tu corazon
Y ni pensar en buscar alguien que se parezca un poco a ti    
Un poco a ti, naranana
No volvere mas a intentar ser parte , de algo tuyo
para eso no naci
Y ni pensar en buscar alguien que se parezca un poco a ti
Un poco a ti, naranana
pero a pesar de todo te amo





Te encontré, te ame como jamas ame a otra mujer, y sé que jamas amare de la forma en que lo hice contigo, me dejaste de una forma tan injusta, se que jamas encontraré a alguien q se paresca ni un poco a ti, extrañare tanto el escuchar tus canciones, tu voz, y el latido de tu corazon cuando mi cabeza reposaba sobre tu pecho...,
t deseo lo mejor, no t guardo ningun rencor, jamas lo aré, pq...dos personas que se amaron tanto, jamas podrán odiarse...

martes, 21 de febrero de 2012

“Una fábula para mi hermana"






























Era una noche funesta la que había pasado, mis padres habían salido, al igual que mis hermanas, y a mí me toco quedarme con mi hermana pequeña durante todo un día (incluida la noche), debe haber sido casi las una de la mañana cuando me levanté para callar a Camila (mi hermana), que desde su cuarto emitía una serie de gruñidos que no me dejaban dormir. Cuando llegué al umbral de su puerta, vi que mi pobre hermana estaba desvelada, insomne, tan despierta como si fueran las dos de la tarde. Antes de que lo resondrara, Camila hundió su cara en la almohada, fingiendo estar amodorrada.
Me acerqué, dejé salir mi lado paternal y, en lugar de no tomarle importancia a su problema de sueño, gritarle para que se durmiera de una buena vez, me senté a su costado. Camila me miró con expresión aturdida y, sin más ni más, me pidió que le contara un cuento que le facilitara el sueño.
Cuando escuché su pedido me quedé en blanco: no recordaba completo ningún cuento de los clásicos infantiles. Segundos después, rebuscando en mi imaginación, saqué un as de la manga.
--Ya, Cami , te voy a contar uno
--¿Cómo se llama?, curioseó.
--Se llama: “La inimaginable fábula del Hombre de Hielo”
Camila sonrió al oír tan extraño y novedoso título, y se extendió sobre la cama, dispuesta a zambullirse en alguna pacífica profundidad.
Entonces empecé.
“Había una vez un Hombre de Hielo que avanzaba muy orondo por la vida. Avanzaba sin prisa, pero con pausa. Muchas cosas lo atraían, pero pocas personas lo perturbaban. Todos los días salía de su casa (su iglú), se dedicaba a algún oficio para ganarse la vida, y por las noches se aventuraba a recorrer las calles con la única finalidad de ver qué ocurría, con el único propósito de saber qué plan le tenía reservado el Universo”.
“Siempre impertérrito y confiado, el Hombre de Hielo cultivaba la costumbre de no enamorarse. A veces aparecían a su alrededor algunas Niñas Fósforo o Chicas Candela, que intentaban descongelarlo y descomprimir su dureza. Sin embargo, él era demasiado fuerte como para quebrarse así nomás. Se limitaba a tratarlas con cariño, les daba besos mojados, las hacía reír, tomaba de ellas la dosis de calor que necesitaba, pero más temprano que tarde las dejaba en el camino, apagadas, chamuscadas, tristes”.
“Qué distinto era todo hace años, pensaba el Hombre de Hielo cada vez que esto ocurría, y de inmediato rememoraba la época en que era apenas un pequeño e inseguro cubito de hielo. Por esos días lejanos era un chico muy vulnerable: cualquier Niña Fósforo, cualquier Chica Candela podía destruirlo con solo acercarle un poco de su peligrosa lumbre. Bastaba exponerse un poco al calor inquieto de esas señoritas para quedar inmediatamente desintegrado, convertido en un disperso charco de agua”.
“Cada vez que el Hombre de Hielo (en su versión adolescente) quedaba desparramado por el suelo como un lodazal, una extraña combustión hacía que sus moléculas –cual si fuesen bolitas de mercurio– se reuniesen nuevamente, atrayéndose unas a otras, y devolviéndole al Hombre de Hielo más fibra y consistencia de la que tenía antes del accidente sentimental”.
“Al recuperarse de cada descalabro, el Hombre de Hielo volvía a la calle fortalecido, más compacto, más resistente, con más capacidad para no sucumbir ante el fortuito contacto de una femenina lengua de fuego”.
“Pero como crecer es difícil, el Hombre de Hielo pasó muchos años derritiéndose al encontrarse con diversas Señoritas Fogata, una raza de vampiresas que le hicieron creer que era buena idea descongelarse completamente por ellas”.
“Al final de esos estrépitos amorosos, cuando ya nada parecía tener sentido para él, la extraña combustión molecular ocurría nuevamente para devolverle al Hombre de Hielo un cuerpo más blindado”.
“Con el paso del tiempo, nuestro héroe comprendió que podía ser algo así como un Terminator: podía renacer de los residuos de sí mismo y convertirse en un ser casi indestructible. Se dio cuenta de que el dolor –lejos de magullarlo o debilitarlo permanentemente– era solo un liberador de energía, una fuente de poder. Así dejó de importarle cuántas veces pudiera derretirse, porque sabía que cada vez que lo hiciera podría levantarse con un plus de fuerza, con una nueva reserva de ánimo y seguridad”.
“Por eso ahora, con tantas experiencias a cuestas, el Hombre de Hielo avanza impune, sólido, sintiéndose intocable. Su corazón –que antes era débil y noble como una caja de zapatos– ahora es una nevera metálica, un ‘cooler’, un trozo de hielo seco. Si alguna Niña Fósforo intentara hundir una mano en el gélido pecho del Hombre de Hielo caería muerta al instante. Su frialdad la disecaría en el acto”.


(A estas alturas del cuento, en lugar de estar bostezando o pestañeando, la insomne de Cami estaba con los ojos abiertísimos, siguiendo muy atenta el hilo incierto de mi fábula inventada. Entusiasmado por la concentración de mi hermana, adopté toda la gestualidad contorsionista de un contador profesional, me arrodillé sobre la cama y proseguí).
“De todas las criaturas que habitan este mundo, solo la Mujer de Fuego puede poner en serios aprietos al Hombre de Hielo. Son como enemigos que se atraen, opuestos que se necesitan. Cuando ambos se cruzan, ella le deja ver sus llamas más sensuales e incendiarias y, con algo de divertida crueldad, lo somete a un descongelamiento lento pero irreversible”.
–¿Y por qué la Mujer de Fuego hace eso, Fernando? ¿Acaso quiere matar al Hombre de Hielo?, me cortó Camila, intrigadísima.
–Ah, eso nunca se sabe, querida Camila, le respondí, levantando el índice de la mano derecha, engolando la voz como un profesor chiflado que, mientras habla, mira al poniente para darle a sus palabras más importancia de la que en realidad tienen.
–¿Pero la Mujer de Fuego es mala?
–La Mujer de Fuego no es mala, pero está mal acostumbrada a que la admiren: le encanta tener a muchos Flacos Cerillos a su alrededor, engriéndola con elogios, encendiendo su ego. Lo gracioso es que ninguno de ellos podría generar en ella la oscura y fortísima atracción que le despierta el Hombre de Hielo. Esos Cerillos son sombras cortadas con la misma tijera, carbones perecibles, cucuruchos que no pasan de ser bufonescos. En cambio, la fascinante oscuridad del Hombre de Hielo la confunde, la marea, la excita”.
–¿Qué es “excita”, Fer?, preguntó la muy aplicada Camila, provocando que se abriera una franja de silencio entre los dos
–Eso no es lo importante ahorita, Cami, lo importante es cómo continúa la historia
–Ah, ya
“Cuando la Mujer de Fuego y El Hombre de Hielo se encuentran, la tierra tiembla, los mares se retiran, y la luna sale”.
Solté esa frase, medio lírica, medio huachafa, y me percaté de que la pequeña camila seguía tan despierto y espídico como si hubiera tomado tres Red Bull al hilo. Casi una hora después de haber empezado mi número de contador de cuentos, ya era evidente que lo que estaba haciendo en realidad era reproducir clandestinamente mi experiencia con las mujeres bajo el formato de una fábula. Quería transmitirle de contrabando a mi hermana toda la información que algún día le serviría para que no cause heridas a los chicos.
En otras palabras, le estaba diciendo: nunca te entregues del todo a una persona, porque el amor no es justo, porque es mentira que recibes lo mismo que das, y porque no hay retribuciones ni premios para el que se porta bien. Al revés: cuando te portas “bien”, cuando todo el tiempo eres espontáneo, sensible, transparente, bondadoso, cariñoso, tierno y dedicado es más fácil que sufras, porque la otra persona sabrá cuáles son tus puntos débiles e inconscientemente se aprovechará de ti, de tu disponibilidad, de tu entrega, de tu voluntad.
Es más saludable, Camila, que no digas todo, que calcules, que tengas una estrategia, que los chicos jamás sepan cómo vas a actuar o reaccionar, que seas un enigma, un misterio, una pregunta, una interrogante que siempre cuesta resolver.
Solo así, siendo indescifrable, podrás sobrevivir y no saldrás mal parada. Quizás herirás, pero no saldrás herida. Quizás harás llorar, pero nadie te hará llorar a ti. Probablemente romperás un corazón ajeno, pero nadie se atreverá a dañar el tuyo.
El amor, hermanita, no solamente es injusto, sino que es cruel. Nunca hay dos personas que estén en igualdad de condiciones ni de disposición respecto del amor que comparten. Ambos se turnan el mango de la sartén y se alternan en la fatigada tarea de sacar adelante la relación que protagonizan. En el mejor de los casos, la felicidad será un soplo pasajero que los haga mirarse y quererse del mismo modo, pero eso, por muy eterno que parezca, durará solo unos minutos.
Antes y después de la pasión, el amor es un desafío, una competencia, un bosque oscuro en el que caminas a tientas, un ‘Acorazado’ en el que debes intuir los movimientos y pensamientos de tu rival antes de que él (o ella) te hunda cada uno de tus barcos.
El Hombre de Hielo –seguí contándole a Camila– desea a la Mujer de Fuego, y ella lo desea a él, pero ninguno de los dos se dará cuenta de su amor, sino hasta que se hayan destruido mutuamente.
Cuando ella se acerca, El Hombre de Hielo aplica su ley (la famosa ley del hielo), y extrañamente consigue atraerla más; y solo cuando ya la tiene cerca, él avanza para seducirla, pero entonces ella reacciona, toma distancia y se va. Y así se les pasa la vida, acercándose y alejándose, coincidiendo por ráfagas, haciendo que la pasión subsista a fuerza de atemperarla.
ZzZzZzZzZzZzZzZ
Cuando menos me di cuenta, Camila ya estaba en la cuarta dimensión del sueño, boqueando como un pez fuera del agua, haciendo caso omiso a las pastillas concentradas de sabiduría que yo acababa de proporcionarle.

Siempre es así, me dije a mí mismo: siempre hay alguien más viejo que tú que intenta prevenirte de las honduras emocionales que te esperan en el camino. Siempre hay alguien cercano que opta por avisarte de los peligros que acechan allá afuera. Pero uno nunca está lo suficientemente atento como para hacer debido caso.
Quizá –sospecho ahora— sufrir sea un modo accidentado de crecer. Quizá uno no actúa con inteligencia ni lucidez, porque en el fondo quiere sentir en la propia piel el ardor de la herida que otros ya sufrieron. Quizá para llegar a ser auténticos Hombres de Hielo primero tenemos que quemarnos, escurrirnos y trozarnos en pedacitos.
Solo así adquiriremos el conocimiento, la soltura y la libertad necesarios para conseguir que la más fiera y preciosa de las Mujeres de Fuego nunca se olvide de nosotros.
[FOTO: Camila (Mi hermana, la princesa de mi reino de Fabulas :D)]

jueves, 16 de febrero de 2012

Me arrepiento de arrepentirme tanto :S:S:S



¿Quién no ha hecho el ridículo en su legítimo propósito de enamorar o retener a alguien? ¿Quién no ha protagonizado, siquiera una vez, un episodio sentimental entre cómico, patético y absurdo? Todos tenemos memorizada nuestra propia colección de huachaferías y torpezas. Todos sabemos muy internamente de qué bobadas conviene arrepentirse.

Ahora que ando solo, me gusta matar el tiempo examinando mi pasado, tratando de proyectarlo en mi cabeza como si fuera una película muda. Me resulta útil verme a mí mismo en cámara lenta, cuadro por cuadro, porque así puedo detectar cuándo y dónde fue exactamente que metí la pataza. Cierro los ojos, la película avanza en el ecran ficticio de mi cerebro y ahí estoy yo –siempre tan pavo, tan apresurado, tan kamikaze– sufriendo los estragos de mis más geniales estropicios amorosos.

Ese ejercicio puede sonar medio delirante pero me ha permitido reconocer que hay decenas de cosas de las que indudablemente me avergüenzo y arrepiento. Quizá ventilarlas aquí sea una manera de exorcizarlas.
Me arrepiento, por ejemplo, de haber abierto mi bocota para decir ‘te quiero’ tan repetida e indiscriminadamente. Hoy ya sé que es mejor dosificar esa expresión (pero, claro, la sabiduría –como dice García Márquez– llega cuando ya no nos sirve para nada). Me arrepiento también de haber querido ser el enamorado perfecto, el epítome de Kevin Arnold, el chico Fisher Price que busca a su chica Hello Kitty. Me arrepiento de haber compuesto, escrito, blogeado y masterizado poemas y coplas francamente horrendas. Me arrepiento de haber invertido en comidas y regalos infructuosos un dinero que me habría servido para otras cosas. Me arrepiento de haberme vuelto loco de celos. De haber interrogado a cualquier amigo en común de los dos, para saber algo de ella, y de haber pernoctado bajo un farol esperando verla salir para entregarle una carta. Me arrepiento de haber perdonado traiciones y, desde luego, de haberlas cometido.

Me arrepiento de haber regalado un peluche antes que un libro. Me arrepiento de haber aprendido de memoria varios temas de Alejandro Zans (Dios, lo dije). Me arrepiento de haber escrito más poemas de los estrictamente necesarios. Me arrepiento –cómo me arrepiento– de no haber hecho caso a algunas advertencias de mis amigos, cuyos consejos, por no convenirme, sobrestimé. Me arrepiento de haber querido impresionarla haciendo bromas demasiado estúpidas. Me arrepiento de haberme obsesionado con un par de causas perdidas y de haber querido forzar al destino a que juegue a mi favor.

Finalmente, me arrepiento de arrepentirme tanto, y sospecho que hay algo inútil detrás de estas 600 palabras. Uno siempre se repite, siempre vuelve a embarrarla y nunca –pero nunca– aprende la lección. Te castigas con grandilocuencia diciendo “pero cómo pude ser tan idiota de hacer eso”, pero en el fondo sabes que, tarde o temprano, si te enamoras, volverás a cometer toditas tus patinadas, una por una. Tu naturaleza así te lo demandará. Creo que arrepentirse no es un mecanismo para expiar una culpa. Arrepentirse es solo una manera de volver a equivocarse

domingo, 4 de diciembre de 2011


Fantasía y Realidad

No seguiré más normas esta noche
Ya nada ni nadie nos detendrá
Dejémonos llevar tan solo una vez
Hoy dejaremos de ser amantes

Puedo sentir tus nervios y ansias
Pues este día no lo vamos a olvidar
Romperemos todas las reglas
Este será nuestro momento
No lo puedes revelar.

Esto va más allá del romance
Es una oportunidad de felicidad
Cada segundo se convierte en adicción
Y en cada minuto te llevas mi corazón

No habrá nada más que hablar
Solo seguiremos nuestros instintos
Convertiremos estas duras en seguridad
Y en este instante solo mía tú serás.

Sesmar

SUSPIROS VACIOS



Me dijiste cierta vez que te sientes vacía
Sera acaso que el amor por nadie sentías
Y no puedo creer que estés sola
Que al sentimiento ni siquiera dices hola.

¡Y aun más increíble fue lo que me entere!

Que no existe nadie, no hay nadie
Que sea capaz de hacerte respirar pasión como aire
Que buscas a ese chico especial
A esa persona que con el amor te haga soñar
Lo se, soy tu amigo no lo trates de negar
Lo entiendo.

Lo que no entiendes
, ¡Y no lo comprendes!
Es que quiero ser tu destino
Me pregunto si nunca lo haz sentido
Cuando te acercas mis acelerados latidos.

A si que dame un momento para encontrar
Las palabras correctas  que te puedan enamorar
Para que se ha algo que nunca antes hayas podido escuchar.

Lo peor es no saber
Como ser el chico que  llegaras a querer
Aunque la verdad es que yo mismo pienso ser
Porque si no lo soy  tu amistad podría perder
¡Pero te entregaría todo el amor que te deberías merecer!

Y cada día te esperare
Que del mundo te cuidare
Que este amor va hacer más grande que el de crepúsculo
Pues si te miro fijamente no soy capaz de mover un musculo
A si que finalmente confía en mí
Por que el amor al fin lo encontré en ti.

Sesmar

SOLAMENTE POR TI


SOLAMENTE POR TI
Por las mañanas yo siempre la soñaba
Y cada palabra suya me ilusionaba
Creía en las probabilidades del destino
Por que este sentimiento fue casi repentino.

Dime entonces que debo de hacer por ti
Para que te que acerques cada vez más a mí
Y si te veo  esperando a alguien sola por ahí
No sabes el temor que haces sentir
Por no saber que si me voy tu me piensas seguir.

Pues ya me decidí
Yo pienso ser feliz
Que pára eso es el vivir
Por que te judo que yo dejaría todo por están junto a ti.
Solamente por ti

Pues me ha sido imposible encontrar a alguien como tu
A si viaje desde el norte hasta lo azul del polo sur

Mi forma de pensar
Mi manera de razonar
Lo cambio todo por que me ames a mí
Para que de esta manera pueda  hacerte feliz
Por ti, Por ti, Por ti, Solamente Por ti.

Pues ya me decidí
Yo pienso ser feliz
Que para eso es el vivir
Por que te judo que yo dejaría todo por están junto a ti.
Solamente por ti
Por ti, Por ti, Por ti, Solamente Por ti.

A si mi vida este por acabar
Se que por toda la eternidad te voy amar
Un gran futuro pretender
Que por siempre te voy a querer
Por ti, Por ti, Y solamente Por ti.
Sermar

jueves, 3 de noviembre de 2011

Los finales felices son historias sin acabar. Sexta sesión


[SI NO HAS LEÍDO NINGUNA SESIÓN ,PUES LEE EL FINAL QUE ES MENOS TRISTE]


Estoy pensando en irme de copas y dejar de hablar tanto de todo lo que ya no importa porque hoy no tengo ganas ni tabaco suficiente para ponerme tan serio...

Los días se escapan como mentiras piadosas. Quizá porque estoy mayor y sigo sin haber aprendido a identificar el sonido de mi propia voz. Tengo que empezar a pensar en abandonar esta torpe rutina de bordear todos los umbrales.

Imagino tus huellas en mi vida, aunque todo aun se halle en un lejano pasado, esas pequeñas huellas me dirán entonces que has llegado a algún lugar y sonreiré; dejaré de temblar por costumbre y temblaré sólo cuando tenga frío.

Es jodido, ¿sabes?, Han pasado ya tres años, creo que aun no aprendí las cosas, aun no he encontrado mi verdadero yo, ahora entiendo por que a veces me siento partido en dos, lo jodido es saber que el amor nunca es tan feroz como cuando crees que te va a dejar.

La verdad es que es todo un derroche de energía el que invierto para averiguar cosas que en teoría ya tengo aprendidas…Empiezo a plantearme si será un caso clínico digno de estudiar o sólo un ejemplo más de estupidez común.

Hablamos de cualquier cosa sin caer en la cuenta de que tú estás allí y yo aquí, que sólo son las 7 ya estamos apagando las luces...Me quedo sin fuerzas para decir nada, perdona, ya sabes que no es habitual en mí, salvo cuando hablamos de este tema, hay algo dentro que se desborda.

Quieres respuestas. Sí, yo también, pero estando como estoy, tan dividido, no hay dios que se entere de nada, todo se mezcla...la añoranza con la risa, el hambre con la calma y todas las dudas trepando por las sábanas, buscando mi garganta.

Entonces me doy cuenta de las luces y las sombras de mi propia vida. Que sean luces o sombras depende del día, de la música, de si llueve, de si suena el teléfono.

A veces también depende de mí.

Echarte de menos como si fuese fácil , en noches como esta, en las que volvía solo a casa, y me acordaba de la forma de tus pechos.y cientos de escalofríos que me corrían por debajo de la piel, como serpientes,

imaginaba que ella no había existido nunca, entonces, era peor, porque ya, definitivamente, no podía dormir; aquella noche aún era julio, pero llovió todo noviembre.

Cuando no digo nada es muy buena señal: significa que me siento intimidado. Cuando me siento intimidado, es muy buena señal: significa que me siento turbado. Cuando me siento turbado, es muy buena señal:significa que me estoy enamorando. Y cuando me enamoro, es muy mala señal.

Yo te prometí hacer deporte pero era una mentira para robarte un tal vez, el fuera-de-juego era evidente y en la frente me escribí tu nombre por primera vez y todo lo demás también.Puedo presumir de poco porque todo lo que toco se rompe, te presté un corazón loco que se dobla con el viento y se rompe.

Ahora tengo noción de saber que el tiempo lo cura todo, entiendo como te sientes, lo que importa es la intención, siempre se van los mejores...

Y todas la frases que has escuchado durante toda tu vida, todas las frases que yo he podido darte, ahora tan solo es una señal que te he perdido, ¡parad ya! porque..

nadie
tiene
ni
puta
idea
de 
como
me
siento.


"Los finales felices son historias sin acabar, pero esta historia ya acabo"

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