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martes, 23 de octubre de 2012

CARTA A MI FUTURA EX




Hola... aún no sé cómo te llamas, aún no sé cómo te conoceré, aún no sé en qué circunstancias habré de verte, a decir verdad aún no sé absolutamente nada de ti y cualquiera que lea esto puede pensar que estoy loco por escribir algo que por el momento no tiene destinataria fija. Lo único que sé es que ésta carta es para ti: “mi futura enamorada” y por lo tanto tarde o temprano (tal vez más temprano que tarde) MI FUTURA EX.

Como dije, aún no tienes nombre para mí, pero puede sin embargo que ya te conozca y por el momento seamos solo amigos, conocidos o compañeros de la universidad; o tal vez no seamos precisamente amigos y por el contrario me odies, te parezca creído, te deba dinero (y por eso quizás me odies), o en un erróneo pero probable prejuicio tuyo, creas que soy medio gay por escribir webada y media en un blog, y que me guste una que otra canción de Sin bandera en un lejano y oscuro pasado mío, en el cual esos ritmos estaban de moda. (Dios, no puedo creer que lo haya confesado públicamente).

Sea cual sea el escenario, no importa sinceramente tu procedencia. Lo único que importa es que de antemano te quiero pedir disculpas ahora, porque en su momento seguramente no me las aceptarás. Discúlpame por no colmar tus expectativas, por haberte hecho perder el tiempo, por ser un pusilánime que no acepta correr riesgos, por hacerte pensar que un durazno verde tiene un mayor coeficiente intelectual que yo, por ser un insensible, desgraciado, mal hombre, canalla, o cualquiera que sean las frases y adjetivos peyorativos con los que efusivamente me califiques delante de tus amigas las cuales tal vez por solidaridad secundarán tus ofensas hacia mí. Todo esto obviamente después de que dé por terminada nuestra relación.

Claro está que me reclamarías de esa forma tan elocuente, siempre y cuando en el poco o mucho tiempo que estemos juntos, te enamores de mí. Pero como eso –por lo menos en mi caso- no es muy común que suceda, también existe la opuesta posibilidad de que vayas a comenzar una relación conmigo sin el menor resquicio de amor, ya sea por despecho, o por pasar el rato, o por no estar acostumbrada a la soledad, o por apuesta (que seguramente perdiste), o porque te choteó algún amigo mío y me tomas a mí como improvisado premio consuelo, o bueno; sin ánimo de ser tan pesimista sino mas bien realista, tal vez comiences una relación conmigo sin muchas esperanzas de que funcionemos como pareja pero con un ánimo medianamente optimista de darte una nueva oportunidad en el amor.

En fin; si alguno de los anteriores o alguno similar es el caso, entonces créeme que más que un daño me harías un favor, me quitarás un peso de encima al saber que no te afectará tanto cuando te diga la gastada pero infalible frase: “EL PROBLEMA NO ERES TÚ…SOY YO” que los humanos de todas las razas, etnias, condiciones sociales, y edades, usamos como último –y a veces único- recurso para finalizar un amor baldío.

 Solo Dios sabe en cuántas lenguas se habrá traducido ese milenario“El problema no eres tú…soy yo” y más aún, a cuántas personas habrá salvado…
Ya que nos estamos sincerando déjame decirte que soy algo cobarde para terminar relaciones, y creo que es un padecimiento generalizado entre muchas personas de mi entorno, es decir: Cuando sabemos –algunos amigos y yo- que una relación debe de acabar; por alguna extraña razón preferimos que sean ustedes –las mujeres- las que digan “ya no te quiero”, ”no me busques más”, “me gusta otro chico”, “soy lesbiana” o no sé, cualquier cosa que nos quite el cargo de consciencia de haberle roto el corazón a alguien –o por lo menos de pensar que lo rompemos- o en su defecto, simplemente para hacernos los ofendidos.

Por lo tanto lo más probable es que haga todo lo posible para que seas tú la que se aburra de mí, utilizando ruines tácticas en pro de tu desilusión y de mis egocéntricos intereses anímicos: Dejaré de llamarte al celular, te diré que estoy ocupado cuando quieras verme, preferiré quedarme en casa un sábado viendo una maratón de DR HOUSE en vez de acompañarte a tus reuniones de amigas, buscaré cualquier excusa para no ir a tu casa al punto de decirte que tengo que comprar figuritas para llenar mi improbable álbum: “El fascinante mundo del caracol”…no lo sé. En ese momento algo se me ocurrirá. ¡Pero de que te aburres, te aburres!

Así endosaré a tu cuenta sentimental, la módica factura de “cortar conmigo.” Sin roche nomás me lavaré las manos de ese trabajo sucio. Haciéndome la víctima, fingiendo sorpresa ante tu inevitable “Jesús, lo siento pero esto no va más”. Simulando ante esa frase la más cruda indignación al mismo estilo de mujer maltratada en talk show de Laura Bozzo, y en un extremo de conchudez yo te responderé casi con lágrimas en los ojos algo como “No puede ser que me digas esto… ¡seguramente hay otro!.. -y si efectivamente hay otro y de casualidad acierto, eso te hará sentir más miserable aún- …Y yo que estaba preparando algo especial para nuestro aniversario”… -Frase que me diré a mi mismo pero en voz alta para que me escuches, obviamente con la mirada perdida en el vacío-.

Claro que no podré exagerar tanto porque qué tal en una de esas te conmueves con mi histrionismo y decides darme una nueva oportunidad… no pues, no puedo correr riesgos.

Chamba es chamba, lo justo pe’ varón… “Bisnes son Bisnes”.

Dejando de lado las escenas tragi-cómicas que se me cruzan por la mente, puede que no sea difícil que te aburras de mí sin que yo haga ninguna de las cosas antes mencionadas, y seguro no será necesario que terminemos yo con el rótulo de víctima ni tú con la de victimario frente a nuestras amistades. PERO DE DARSE EL CASO DISCÚLPAME TAMBIÉN POR ESO, POR SER (POR QUE VOY A SER) TAN MIERDA CONTIGO.

Una prueba de que mis disculpas son sinceras es ésta carta, una suerte de “MEA CULPA” declarada y confesa que me roba ahora mismo, horas de sueño.
Si te escribo ésta carta hoy; no es sólo para excusarme por lo que haré, sino también para explicarte el porqué lo haré, y más que nada lo hago con la esperanza de que me entiendas, así no compartas mis ideas que en su mayoría son desvaríos…por lo menos quiero que me entiendas.

Hoy –y no hablo de éste día en particular sino del Tiempo Presente- tengo la seguridad de que sea en el momento que llegues, sea como sea que te llames, sea cual sea el tiempo que estemos juntos, seas como seas por dentro o por fuera… No terminaremos juntos atorándonos con perdices por la eternidad como terminan empachados los protagonistas de los cuentos infantiles.

Y no es algo personal, me refiero a que, no es que contigo sepa que me irá mal y con la que siga después de ti quizás me vaya bien. Hablo de ti Futura Ex como algo abstracto, como las que vendrán después, no sé cuántas…
Hoy estoy tan decepcionado del amor de pareja que no me quita el sueño pensar en cuándo llegarás, la verdad ya ni me acuerdo cómo se siente esa ansiedad por ver, tener, o querer a alguien. No es un decir o una frase populachera; créeme, LITERALMENTE ya no recuerdo qué se siente estar enamorado. Y ahora, por más que suene a la más irónica joda, lo digo en serio: “El problema no eres tú, soy yo”

ES CIERTO TENGO UN PROBLEMA, PERO NO SIEMPRE FUI ASÍ ¿SABES? Yo también me he enamorado, tal vez con más intensidad que muchos. Me he enamorado no una, sino muchas veces, el detalle fue que me enamoré muchas veces pero de una misma persona, es decir en varias etapas y grados (mismo terremoto con posterior tsunami) y eso fue tergiversando mi concepción de la palabra “amor”. Hasta llegar hoy a significar tan solo un: amor = idealización.

Creo que todos -seguramente también tú- tenemos a alguien en la memoria que marca un antes y un después en la vida afectiva de cada uno. En mi caso te diré que más que marcar, esa relación borró algunas cosas. Borró por ejemplo la sección “SER DETALLISTA” en mi sistema, ese chip ya caducó en mi cerebro y a diferencia de los celulares, éste no tiene portabilidad para poder mudarme a otro operador.

Por otra parte, en lo que se refiere a sacrificios, antes por ejemplo podía correr kilómetros desde mi casa hasta la suya en medio de una enardecida huelga de transportistas solo para cuidarla de unos leves indicios de gripe, ahora en cambio a menos que sufras algo parecido al virus del Ébola, difícilmente tomaría un taxi para ir a verte si estas enferma.

Antes podía sentir una extrema adrenalina verte en clases o tal vez encontrarte en algún lugar a solas, ahora sin embargo no podría entrar ni siquiera saber algo de ti.

Como dije antes, ya no recuerdo lo que se siente estar enamorado, dibujar corazoncitos en las últimas páginas de mis cuadernos con mi nombre y el de alguien más dentro, o sentir el estrés de ver que se acerca otro aniversario y querer hacer una cena romántica pero darte cuenta que tu nunca tal vez dejes de ser una niña.

…Claro que no recuerdo como se sentía eso, de lo único que estoy seguro es que era una sensación muy rica. Es como que seas viejo(a) y recuerdes la primera vez que te subiste a una montaña rusa, no puedes volver a sentir esa adrenalina pero sabes que fue increíble…

…TENGO MIEDO FUTURA EX, MIEDO DE NO PONERME NERVIOSO CUANDO TE VEA LLEGAR A UNA CITA, MIEDO DE NO ARREGLARME EL CABELLO DISIMULADAMENTE Y PONER MI MEJOR CARA DE GALÁN DE FERIA MIENTRAS TE ACERCAS. TENGO MIEDO DE QUE ME DE IGUAL QUE ME VEAS EN BUZO O EN TERNO. DE NO PODER VER A TRAVÉS DE TUS OJOS… Y DE QUE PARA LOS MÍOS SÓLO ESTÉS RICA, MÁS NO BONITA… MIEDO DE NO DECIRTE CURSILERÍAS AL OÍDO, Y MÁS MIEDO AÚN DE QUE DE HACERLO NO ME LAS CREAS… PORQUE TODAS ESAS COSITAS TONTAS, ESOS DETALLES EN LOS QUE POCOS SE FIJAN HACEN (HACÍAN) PARA MÍ, DE LA NADA UN TODO.

Pero por sobre todas esas cosas de lo que tengo más miedo o tal vez será preocupación no lo sé, es de algo bastante simple pero que me tiene dando vueltas en la cabeza cuando pienso en ti, y es el motivo principal por el cual empecé a escribir este post:

TENGO MIEDO A ESTAR EQUIVOCADO EN TODO LO QUE DICE ESTA CARTA. Y que cuando llegues cambies por completo mi actual y fatalista filosofía con respecto al amor, que cambies mi plan pre-establecido de ruptura al cual mentalmente ya me he preparado, miedo de que me sorprendas con alguna manía tuya o llames mi atención más que el común denominador de mujeres, de que de alguna manera hagas que quiera arriesgarme de nuevo a enamorarme, que me ponga nervioso al verte, que me guste conversar contigo, miedo de que sin proponértelo enmudezcas con un beso este extraño dolor y desconfianza que siento, que para gustarte un poco más este dispuesto hasta a usar crema humectante, hidratante y porqué no, también exfoliante… que me hagas creer de nuevo en los detalles, que gustoso también haga algunos sacrificios… QUE ME SAQUES DEL ARRESTO EMOCIONAL VOLUNTARIO AL QUE HOY ESTOY SOMETIDO; Y QUE CUANDO LLEGUES, ASÍ COMO LA MAYORÍA DE COSAS EXTRAÑAS Y BUENAS QUE ME HAN PASADO…ME ENCUENTRES DESPREVENIDO.

Esos son mis miedos. De leer todo esto supongo que pensarás que es el peor currículum con fachada de carta que jamás has visto, y puede que no estés equivocada. Puede sin embargo que de algún modo te interese la sincera conchudez con la que me desnudo emocionalmente en éstas líneas y aún así estés dispuesta a conocerme. A conocerme verdaderamente. ¿Estarás dispuesta? Aún no lo sé.

DE CUALQUIER MODO LO AVERIGUAREMOS CUANDO LLEGUES… FUTURA EX.


domingo, 21 de octubre de 2012

RECUERDOS DE UN OTOÑO




Te recuerdo como eras el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Pablo Neruda.


A veces suelo creer en el destino, otras tantas en la casualidad; no obstante, estaba seguro de volvernos a encontrar, R. No sabía cómo, ni cuando, simplemente lo presentía y eso bastaba. Fue un Miércoles por la tarde, aun no terminaba mi trabajo de “Teoría del delito”, cuando irrumpiste en la ventana del Messenger, con un Nick tonto, el cual no pude decifrar: “boina gris “, dejo algo intrigado, lo busque por google, para tratar de encontrar algún significado; era sin lugar a dudas, un poema de Neruda, aun no conocía tu fascinación por él, Octavio paz, Benedetti, Bueza, entre tantos. Solo eras una chica distante y dolorosa, con la que Salí algún tiempo, tan lejana y sencilla, en un mundo aparte, y tan cercana en el mundo de la red. Mi orgullo quebrantado me impedía hablarte; sin embargo; todo mi ser me subyugaba a saludarte, pero mi ultra ego pudo mas, y no lo hice.

Al otro lado del monitor estas tu, deprimida, desconsolada, necesitando un abrazo, un balazo, un amigo, alguien con quien hablar, que te escuche, y que no busque tus labios a cambio. Hasta el día de hoy, no sé si fui tu segundo plato, tu mejor elección, peor elección, o el único que estaba disponible.

Escribiste un hola, con una carita feliz, que disfrazaba tu tristeza, melancolía.
-¿Qué haces?
-Terminando un trabajo de “Teoría del delito.”
-¿Que planes para mas tarde?
-Ver Tele y dormir.
-jajaja, que aburrido, ¿Quieres ir a dar un vuelta?
-Seria genial, vamos por unas hamburguesas y unas latas.
- No, mejor tomemos un café y unos cigarrillos.
- Ya chévere, ¿A que hora?
-A las 7 pm, okas.
-Pero, ¿Y Gabriel?
-Terminamos, ¿Salimos o no?
-Esta bien, a las 7pm, ¿En el cruce de las avenidas cerca de tu casa no?
-Si, me parece bien.
-Ya, okas te dejo, voy a terminar mi trabajo.

Me desconecté, traté de parecer relajado, no sé, si lo notaste, quizás algo sobreactuado. No iba a terminar mi trabajo, mire mi reloj y salta a la ducha; una vez en el baño entré en el clásico dilema existencial dejarme la diminuta barba, de la cual era presa o de dejarla liza. Decidí, borrarlo del todo, escogí una de la camisa nueva que había comprado, un pantalón negro, y esperaba impaciente, que el reloj avance para ir a verte.

En cambio tu, no tenias prisa, mirabas en el Messenger, otras opciones, para cancelarme con un: “ya, es tarde. La dejamos para otra ocasión”, pero parecía ser, que nadie estaba disponible, fuiste al baño, te lavaste la cara, te pusiste una ropa casual, volviste a mirarte al espejo, Exclamaste : “ Ya vuelvo, madre, voy a la U.”
Llegue siete minutos antes, suelo ser puntal, y los demás casi nunca los son conmigo; los minutos avanzaban y no venias, cuando mire el reloj habían pasado diez minutos, temí que me hubieras dejado plantado.

Me viste parado en esquina dando vueltas, mirando mi reloj, reíste, sabias que llevaba minutos esperando, aun así caminabas lento, mientras te arrepentías de haberme citado, cuando una parte quería verme, me viste caminando, como abandonando el lugar, y entonces te vi.
Al verla, me encontraba nervioso, la miraba, y no era ella, lucía unas corrientes sandalias negras, unos jeans del mismo color, y una polera gris para hacer contraste, tenias el cabello mas negro que la noche, recogido y algo sucio, sabias que no estabas presentable, pero no te importaba. Estábamos los dos juntos parados en una esquina, mudos, atónitos, sin nada que decir.

Rompí la tensión diciendo “pensé que no vendrías”; me miraste y dijiste “Siempre llego tarde, siempre”. Caminamos, a paso lento. Caminamos por caminar, no sabíamos a dónde íbamos, parecía ser inercia de nuestros cuerpos; compre tus cigarrillos preferidos, una Coca – Cola y te pregunte si deseabas algo: “Un agua mineral está bien”- pronunciaste.

Caminamos, mientras me contabas lo furiosa que estabas con tu madre, no la soportabas mas, habías discutido con ella, aunque te sentías mal por eso. Nunca me contaste el porqué; quizás fue por la noche que llegaste ebria a casa, tus constantes tardanzas, o por eso chupetón en el cuello que no pudiste explicar.

Yo te hable de mis proyectos a futuro, las miles de aventuras del verano que había terminado, de la pelea que tuve con mi enamorada con la que a veces no sé si es mi enamorada o una desconocida a la cual amo, como las había regado antes del día de los enamorados, de los regalos que colecciono, creo que nunca los entregare comente, también hablo de las fiestas en la casa de playa de René, de mis amigos, de la universidad, y sobre todo creo que fue efecto dominó con mi enamorada, el cual me confunde mucho, lo que te intereso. Luego ninguna de mis historias parecía sorprenderte te parecían cotidianas; mi vida en conclusión, te parecía el remedo de la vida de un chico normal.

Por extraño que nos parecía, de alguna forma seguimos saliendo, pero no como las primeras veces, había algo extraño, que nos conectaba. Causabas unas nuevas y extrañas sensaciones en mí. Los Jueves de pronto, empezaron a ser días oficiales de caminatas sin sentido, cigarrillos y unos cuantos cafés. Cierto día, me hablaste de Julio, tu mejor amigo gay, y el único hombre en que confiabas, nos sentamos en un parque, que me gusta creer que descubrimos juntos y cada vez que paso por ahí, aun me recuerda a ti.

Había días que yo no podía dejar de hablar, y tu querías caminar en silencio, otras no me dejabas hablar, y a veces hablabas y yo no te escuchaba, porque cada vez que te oía, me sentía decepcionado, no comprendía como una chica tan linda como tu, había “experimentado todo” en su precoz adolescencia, que estaba terminando.

Me contaste acerca de Solange tu mejor amiga, a la cual apreciabas mucho, y que una cierta tarde-noche, besaste bajo la influencia de algunos estupefacientes, y podrías haber llegado a algo más, si no fuera, por tu amigo incondicional Julio, me hablaste de Marco, tu primer gran amor, quien había terminado contigo y te había dejado destrozada, de Mauricio tu ultimo novio, y de los cuatros chicos que besaste en una noche.

A pesar de todo R, tenias algo que no podía explicar, una tarde Otoño, sentados un parque después de haber escuchado tus cientos de alocadas historias, me costó cerca de un mes y medio, lo que a otros chicos les tomo menos de una noche, mientras mirábamos una tarde anaranjada el cielo, me arme de valor, y pude besarte, me besaste, te mire, y reíste nerviosa, después hice un comentario, acerca de tu cabello, y dejamos el tiempo pasar.

Es mejor que nos hallemos lejos los dos, ya tu por tu camino y yo volviendo a seguir por el mio, todo esto que paso tal vez ni lo recuerdes, pero hay algo en ti que no puedo olvidar.


TE HUBIERAS VISTO…




FECHA: 15-06-2011

Figúrate que el último viernes, después de haberte aburrido con nuestra última charla sobre nosotros, encontré, al volver a casa, el atardecer que mirabas desde tu ventana. Me acompañó un rato, y como todo lo fugaz, desapareció. Después sobrevino la noche y otra vez éramos tú y yo caminando cada uno por su lado en un tiempo imaginario.

Te hubieras visto, dulce como indiferente, luminosos tus dominios cercados por tus pasos distraídos que tiñen de belleza tu distancia natural. Un chorro de pileta desenfocaba el encuadre verdinoso de tus pasos. Soy ciego en el detalle y los rostros, pero experto en distancias y siluetas. Y ver un esbozo de ti a lo lejos, viejos ensueños, ligero recuerdo que no se borra, hizo que apure el paso para que no escaparas.

Extrañamente, si no nos cruzamos los miércoles, nos vemos los viernes. Estamos vetados los demás días. "Si los horarios no se cruzan, no se cruzan", tú dices. Apenas cruzamos palabras, nerviosos, te miro un poco, quizá mi deseo egoísta es que suspendan tu clase y conversemos en los pastizales, con la cómoda excusa de esperar a tu amiga, para que te acompañe en tu salida.

Que todo sea casualidad y nadie busque a nadie, solos nos encontramos, como te dije una noche.

Husmeaste por la ventanilla de la biblioteca para comprobar si aun se encontraba el encargado, luego fuiste a una de las computadoras para ver si estaba libre. Pensaba que ya conocías los usos y costumbres de la facultad, todo indicaba que no mucho. Era el tiempo muerto de tus martes; esperabas que tu amiga saliera de sus clases dentro de la universidad, donde lleva ya dos ciclos estancada con el mismo profesor.
Mi aterrizaje causó en ti un sustillo, sentí el chispazo de tus hombros de sabor vainilla. Tu asombro fue tan natural que parecía practicado incansables veces con los avezados que, me entero a veces, te quieren besar.

Qué novedades, me pedías. Mis novedades desaparecen inmediatamente si me las pides, no sé, me hago un manojo de nervios y recuerdo detalles intrascendentes de mi vida de por sí aburrida. Tú me sorprendes primero, me cuentas del extraño dolor de rodilla del que hablas poco para decir demasiado.

Conversamos un poco de ello y siento que debo cambiar de tema. Te pedí, casi obligué, que me acompañes a buscar los salones de estudio. Debía presentar un trabajo ese día, me quedaba un cuarto de hora y no había escrito nada. Era sobre el conflicto del que se vive en el VRAE, esos esbirros terroristas cocaleros querían tomar el poder y quieren invadirla.

Me acompañaste a buscar el salón donde tenía que presentar mi trabajo. Creo que en tu ciclo, el tema de los derechos aun no es cosa de estudio, no te piden muchas lecturas (disculpa el prejuicio); sin embargo, espero que te sirva el dato de los lugares para leer, estudiar, dormir y pensar. Mi intención era que ese elefante blanco que es la facultad fuera para ti menos inhóspita de lo que a primera vista parece: un Titanic de cemento anclado al jardín.

Sólo que todavía no publican mi lista exacta de docentes. Era la segunda semana de clases y no estaba la lista de los condenados docentes. Maldije al decano. Volvimos, caminamos a lo largo de la sombra y llegamos al sol que ardió molesto cuando nos vio pisarlo de vuelta. Pisar el sol a tu lado y volver inmediatamente al fresco fue la rendición que disfrutamos.

Te sentaste cerca de las hierbas, allí donde toda la facultad pasa apurada sin mirarnos, me sentía reconfortado en las perlas de tus ojos y deslizado en la viva montura granate de tus antiparras. Esas lunas gigantes reflejan mi cara, escudan tus ojos, tan negros y limpios que los miro más de lo permitido. Te hubieras visto, ¿la luz del sol aprendió a rebotar en las sombras o tú te iluminabas sola?

Y qué novedades, volviste a preguntar. Te conté que de venida en el micro un aprendiz de "choro" me quiso robar el celular y terminé dándole consejos, dos soles para su pasaje y un par de chistes de callejón. También me pediste que te cuente el lío que hay en mi salón, porque siempre se crean peleas en las matriculas, le dije que todo el mundo desea estar en la mañana. La UPT es un fiasco total, no sé porque aun sigo estudiando, solo se sobre el convenio que tengo con el Rector, ninguno tiene la razón, sólo los abogados la tienen.

Te pregunté qué harías por estos días. Sólo hablamos de la fiesta del miércoles en casa de tu amiga, que gracias a todas las divinidades es amiga mía también, no había nada más que aclarar. Luego recuerdo el porqué no te hable durante toda una semana, fueron aquellos post que vi en tu muro del Facebook. Como no tienes que explicarme si sales con un chico o si otro te escribe desde lejos, si ya se han visto, por qué aquel te llena la biografía del Facebook o si por todo eso te odio secretamente y me engaño barnizándote con palabras celestes. Me importan esos minutos que paso contigo y te siento mirar como yo te miro, y ausculto en tus ojos, uno por vez. Es imposible mirar a los dos ojos e intercalo, aprecio e intercalo, uno a uno. Cada farol tuyo queda marcado que todavía lo recuerdo mirándome lejano tras las S escondidas de este texto.

De repente, escucho un redoble de tambores y un sonido marcial, son las botas de tu amiga que se acerca. Tenemos que despedirnos. Yo me voy, si hubiera sabido que tú te ibas a ir tan lejos, te hubiese escrito antes y te hubiese perdonado mis disculpas, siento mucho todo esto, ya que tú te vas a caminar sin pensar en mí.

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Esta historia aunque un poco atrasada, me permite rememorarte y decir que estarás en mi mente hasta que otra persona me haga olvidarte, como tú lo hiciste de las demás. 

LA PALABRA X NO ES TAN MALA, SOLO QUE ES MEJOR NO PRONUNCIARLA




Las X enamoradas siempre me van a producir una cierta incomodidad. Debe ser porque casi siempre no quedamos en buenos términos de comunicación. De haber sido mejor la forma de comunicación entre nosotros, yo creo que ahora no habría ningún problema, es más, con algunas de ellas tengo una especie de lejana amistad.

Pero cuando terminan con uno te vuelves alérgico a esta persona. No quieres verla, que te la nombren ni saber un detalle de su vida soltera y feliz. La sola idea de encontrártela en algún lado donde no la puedes evitar,  y ser testigo de lo mucho que se divierte con sus amigas, con el tarado por el cual encontró, un nuevo novio, te enferma (y no es como en Friends, donde después de terminar todos vuelven a ser amigos como si nada hubiera pasado, en la vida real esto no funciona así).

Entonces decides quedarte en casa, aunque no logras concentrarte en nada. Prendes la televisión y pasan la última película que vieron juntos, prendes la radio y todas las canciones son de amor, hasta ahora no entiendo el porqué todo en este mundo gira alrededor del amor, aun suenan las que tu todo embobado le dedicaste en la noche de los tiempos. De alguna forma tienen que ver contigo y tu desgracia sentimental. Te escondes bajo la cama, tienes pesadillas, peleas con la almohada, sudas, te deprimes, no pruebas bocado, no estudias, no reaccionas, y sobre todo no quieres conocer a ninguna otra chica.

Si logras dormir, al despertar te dirás a ti mismo que odias a tu ex, aunque en el fondo sabes que es mentira: desearías odiarla, seguro pero aun la quieres y quizás más que antes, pero esa idea ahora te parece inaceptable.

Pasarán algunos días, unas semanas, e incluso un par de meses para que te dejes rescatar por tus amigos que siempre han estado contigo (y porque falta para la “chancha” de la chela). De no ser por ellos aun seguirías en casa, probablemente recordando los miles de momentos que pasaron juntos y de los que ahora solo te quedan los recuerdos: un Cd de tu grupo favorito, un peluche de felpa, algunas fotos, ciento de poemas que nunca entregaste y un post que escribiste a última hora (a riesgo de ser golpeado).

Desde que han terminado, se han cruzado dos veces fuera del la universidad, tres en la biblioteca de la Uni. , una en el autobús y otra más en el centro, sin contar los dos restantes que se cruzaron por la calle sin saludarse. De pronto piensas que la ciudad es muy pequeña para ambos o el destino se esmera en recordarte a la persona que perdiste.

Han pasado casi tres años de mi extraña relación con X-1 (Ana), con la que estuve casi tres meses. Se podría decir que fue mi primera enamorada de a de veras. Tanto tiempo ha pasado desde entonces que no me apena decir que me enamoré de ella (de sus grandes ojos café, de su peculiar voz, su extensa cabellera rizada, sus largas piernas contorneadas y de su sonrisa infinita) no perdida sino perdedoramente. La decisión de terminar con nuestra relación, me cambió por completo y debo admitir que ha habido un antes y un después que me ha hecho mejor persona y un peor escritor.

A pesar de sus primeros burdos intentos y después de los errados intentos míos por ser amigos, nunca llegamos a amistarnos o perdonarnos del todo, por esas cosas que a estas alturas está de más recordar. Eventualmente, hablábamos por Messenger hasta que cada cierto tiempo decía que cada nuevo novio que tenía le prohibía hablar conmigo, según recalcaba ella.
Me enteré después por curiosidad, o ese masoquismo que caracteriza a los descorazonados, que ella era una cuasi anfitriona o modelo.
Qué lejana estaba aquella chica de los primeros años de secundaria que usaba una extraña cola de caballo y poseía una sonrisa de colores por los braquets que tenía y que era la sombra de su prima, que como el mejor de los vinos fue mejorando con los años, así que tuvo una suerte de Patita Fea o Betty la Fea. Por aquel entonces como la mayoría de chicas suspiraba patéticamente por Sucso (Diego) mientras él la ignoraba y despreciaba de la peor manera, no sabían que el destino les deparaba un final junto (y revuelto).

Luego de un tiempo, pude iniciar otra relación, Fue un viernes por la tarde que hablé por última vez con X, o mejor dicho la última vez que nos vimos frente a frente para hablar, cansado de pedir disculpas, constantes desaires y frías respuestas hicieron que me armara de valor para juntar la poca dignidad que me quedaba y eliminarla del todo, como si borrarla de mi grupo de amigos la sacara por completo de mi vida, qué equivocado estaba. 

Pero cuando pensaba que lo peor había pasado y había superado el síndrome de X por una fuerza de la naturaleza o raras leyes de la física te hacen volver a verla dos meses después más bella que nunca. Primero tratas de perderte entre la muchedumbre, pero ya es demasiado tarde, sus miradas han hecho contacto visual y es realmente uno de los momentos más incómodos de tu corta vida. Tu corazón enloquecido empieza a bombear de la impresión. De pronto, ella finge una sonrisa de antigua complicidad. Por ese instante quieres ir a abrazarla y decirle que el pasado ya no importa, y sin embargo algo te detiene, es la conciencia que te hace recapacitar y decirte “sabes que ya no es tu enamorada, ella ya no quiere saber nada conmigo”.

Un leve mareo sacude tu cabeza. Estás atrapado en una horrible escena de terror de la cual no quisiste ser protagonista jamás. Te encuentras con tu ex después de tanto tiempo, tienes ganas de decirle mil cosas, abrazarla, confesarle con rabia que la extrañas, de preguntarle cómo es posible que este tan bien sin mí, de susurrarle al oído que está más hermosa que nunca. Pero también tienes ganas de sacarle en cara sus promesas, de pedirle perdón y perdonarla. Pero no. No, no dices absolutamente nada sobre eso. Todo se reduce en “me ha dado mucho gusto verte”. 

Aunque es la misma chica que estuvo contigo, con la que conversabas de los temas más trascendentales y los más bobos. Con la que exploraste algunos niveles de pasión e intimidad, con la que hiciste planes a largo plazo sentados en la plaza de algún parque, bromeando el nombre de los futuros hijos que tendrían, y con la que hablaste de muchas cosas, con la que lloraste y reíste y volviste a llorar y reír de nuevo ya no existe, ya no está más. En reemplazo hay otra chica que no conoces que parece ser una mala imitación de ella, que bebe, fuma, se toma cientos de fotos. 

Los años la han llevado de un lado a otro en tu mapamundi emocional, de ser la mujer más importante en tu vida ha pasado a ser una anónima, una simple X, una chica que ahora saludas y te sientes tan incómodo como ella.

Ya no la quiero, es cierto, pero la quiero, no de la misma forma, pero de alguna forma debe ser. La necesito o tal vez solo necesito saber de ella. No me importa pero me jode y es que eso es lo tragicómico de esto, allí donde las tripas no mienten, debo decir que fui un sobreviviente de ese iceberg a la vista llamado X. En ella se van los millones de recuerdos de las noches en que no pensaba encontrarme, y ella no tenía en mente volverme a ver. 

De algún modo al escribir sobre lo que pasó es mi forma de decirle ADIOS. Con este adiós el síndrome de X parece haber sido superado aunque le diga adiós para toda la vida, quizás toda esa vida pensaré en ella.



ME GUSTAS, CARAJO YA LO DIJE!! :P



Me gusta.
Me gustan sus zapatillas, sus zapatillas converse y la extraña forma que tiene de amarrarse las agujetas. Me gustan sus jeans rasgados y bien ajustados. Me gusta sus camisas largas cuadriculadas, aquella chompa gris que me encanta tanto, cual abriga tan hermoso cuerpo, siempre escondiendo sus encantos. Me gusta cómo el humo se desprende de sus pequeños dedos y cómo se ríe. Sobre todo porque lo hace conmigo. Me gustan sus misterios, sus silencios y como poco a poco los voy descifrando. Me gusta tanto aquella chica a la que tanto hable pero ahora ya no me acompaña, que no sé explicarle con palabras lo mucho que me encanta.

No sé porqué ella ha escogido aquella clase, es acaso que me quiere torturar viéndola tres horas a la semana, aun recuerdo cómo es que podía hablar con ella con tanta facilidad, como es que caí una vez en darme cuenta lo mucho que me gustaba, pero aun no lo admitía. Sin embargo, presiento que ella ya lo ha venido sabiendo de antes. Nos acompañaba siempre una inocente conversación, a veces algo de música y mis pequeños chistes que llenan los silencios incómodos. Ella no toca su pasado y yo no lo profundizo, sólo sé que le gusta ver muchos animes, y hablar aquí conmigo, y eso es suficiente.

Las conversaciones largas acaban pero vuelven, me toca de nuevo. Ella se rehúsa a tomar la llamada y me obliga a hacerlo otra vez. El silencio juega en contra de nosotros y las risas apelan a un amor posible. No sé muy bien lo que digo pero sí sé que ella se está divirtiendo. Su risa me renueva, me alegra, me llena de vida. Se parece tanto a lo que andaba buscando y sin querer estoy hablando contigo y diciéndote como es que el mundo es idiota, y repitiéndote que el pasado es el pasado. La gente pasa y no nos debe de importar, somos invisibles, casi transparentes. Mientras las últimas palabras de esta conversación caen en las tristezas de un cuídate mucho, y nunca un te quiero.

Refugio mi silencio en el humo del cigarro, mientras ella aun esta en comunicación conmigo con cierta complicidad. Ella toma la posta y empieza a bombardearme con todo tipo de preguntas de las que trato de torear con cierta experiencia que me dan los años: como nunca profundizar en ninguna respuesta ni hablar con énfasis de alguna chica del pasado. Menciono a grosso modo las veces que creí estar o estaba enamorado, de mis dos novias formales, de mis mejores amigas, de fiestas y de una que otra estupidez que hice en la adolescencia.

Quizás sé tan poco de ella que eso es lo que me gusta. Me atrae de forma misteriosa su melancolía. cuando ella habla trata de cuidarse, no de decir nada más allá de la cuenta, parece que analizará cada respuesta, cada pregunta que he lanzado al aire y ella ha cogido con sabiduría. No obstante, son aquellas respuestas simples, no trascendentes, las que nadie toma en cuenta, con las que yo voy construyendo un perfil de ella en mi cabeza.

Sé que le gusta el cine de terror, bueno en este caso es claro que es totalmente opuesta a mi, ya que soy un hincha del cine italiano: La vida es bella, Cinema Paradiso y Malena. Las independientes: Blue Valantine, Réquiem por un sueño y Soñadores. Las clásicas: Casa Blanca, Lo que el viento se llevó y Tiempos Violentos. No es necesario pensar mucho para deducir que le gusta el hard rock, el metal; no como a mi que se emociona con el rock en español sobre todo porque ella no domina el inglés, sin embargo, le gustan Los Beatles.

Entonces lo entiendo todo, comprendo que ella es distinta, sobrenatural, una de esas criaturas que el destino te pone enfrente una sola vez en la vida, y que si la dejo pasar es porque soy un MARICA Y UN PERDEDOR, cosas que sin duda soy, pero no esa tarde que quiero escapar de la realidad y soñar, aunque sea un momento, que mi vida podría ser mejor con esta mujer que ahora quiero salir con ella y decirle todo lo que tengo guardado hace tiempo dentro de mi  y no sé si me corresponderá.
Me acerco un poco más, pongo sobre la mesa el tema, es allí donde las distancias se van acortando y ella se da cuenta de mi siguiente jugada. Necesita un tiempo me pide que vuelva a comunicarme después con ella, que está ahora un poco desorientada.

Poco mas terminada aquella conversación no volví a tocar el tema. Cierta vez me la pude encontrar caminando en silencio. El silencio ya no incomoda porque estamos juntos caminando, ninguno quiere irse, ninguno quiere que esto termine, bueno lo creo mejor yo asi. Pero dentro de una hora será su clase nocturna a la que ella ha faltado un par de veces ya que aun no tenía un profesor estable. Nos dirigimos a la biblioteca, quería deshacerme de las personas de mi alrededor y decirle en la cara lo mucho que me gusta, decirle que todos se vallan a la mierda y nos fuéramos a ver una película, hacer algo juntos, pero luego de que ella se alejo de mi, note que ya nada era posible con ella-

El tiempo se nos ha escapado de las manos. Ambos sabemos que si seguimos así no llegaremos a nada y aun así no hacemos nada para llegar a tiempo. Ella sugiere que debería irme yo solo y a mí no me gusta la idea. Tengo que aprovechar cada segundo adicional que tengo para besarla.

Parece que puede leer mis pensamientos, o quizás son mis manos que empiezan a buscar las suyas hasta encontrarlas. Y en la calle codo a codo somos muchos más que dos. El alba nos da entre los árboles.
Mi boca busca su boca, pero no la encuentra, con cierta tristeza ella me ha evadido. Le pido disculpas y sonrío. Cuento algo gracioso, trato de no estar molesto o finjo no estarlo. Yo trato de actuar normal aunque quizás sobreactúe un poco. Pero no es que tampoco sea un nominado de la academia.

Ella me mira con sus grandes ojos negros en silencio. Me da un beso en la mejilla, y me dice, que también le gustaría besarme pero la amistad es primero, y yo, pero yo no quiero ser tu amigo; y ella, no es por nosotros, es por ti, tu siempre serás mi mejor amigo...


sábado, 20 de octubre de 2012

Mujer noche...!




Era un largo fin de semana, donde la noche y la madrugada eran lo mismo. Con días horizontales y ligeramente aburridos. Era yo casi echado en cama, dando vueltas abrazado de mi almohada. Era mi dedo pulgar apretando descontroladamente los botones del control remoto. Eran días llenos de música ensordecedora, novelas clásicas, internet con sus redes sociales y series cómicas en la tele. Eran días en los que esperaba encontrarme con ella sin ni siquiera moverme de la cama o mi cuarto.

Días de maratones de los simpsons y Padre de Familia. De noches sin sueños. Días eternos con incoherentes charlas conmigo mismo y de cervezas solitarias en la azotea después del almuerzo. Instantes de sueños de una mujer que sí conocía y se desvanecía al mismo tiempo. Casi había olvidado el recuerdo de su olor, de lo larga que es su sonrisa, de sus ojos negros como mis noches. Me había enamorado de ella y nuestras conversaciones interminables en internet.

Pero uno de esos días se interrumpió con una llamada de Martin. Mi compañero de armas y desahuciado en la batalla el día anterior. Lo más probable era que su llamada se debía a una de esas juergas repetitivas. De monólogos de ligue armados, de botellas de un ron barato, cervezas en vasos de plástico, cigarrillos a medio consumir, más música ruidosa observando bailar siempre a las chicas, más lindas y vagas conversaciones filosóficas entre coincidencias y casualidades.

Martin me grita por no llegar a tiempo, lo que no me dice es que su cita lo ha rechazado olímpicamente a quedarse a beber unas copas. Por otro lado, yo justifico mi demora y le echo la culpa al tráfico de la ciudad, aunque tampoco le dije que intenté llamar a R, mi chica del Facebook, y que ella está en una reunión familiar cuando en realidad estaba paseando por las calles de cono sur acompañada de su ex novio. Debe ser que ninguno quiere decirle al otro que había sido ponchado.

Martin propone pasar por unas hamburguessas antes de regresar a nuestras casas, aparentemente era un viernes sin novedades; sin embargo, aprovechando la cercanía de los bares de la av. Bolognesi lo convenzo para tomar unas copas. Cuando ya prestos a entrar sale un loco que empieza a gritar: “¡La noche es mía! ¡Mía es la noche! Y de nadie más” con una bolsa de basura en el brazo.
El loco está cada vez más cerca de nosotros. Agita la bolsa contra los peatones y la lanza hacia adelante. Corro unos cuantos pasos, lo que provoca la risa de Martin y de algunos extraños que pululan por allí. Sin darme cuenta tropiezo con una chica. Le pido disculpas y sigo caminando avergonzado, no la he reconocido, es Ana. A pesar de que he pensado en ella y la probabilidad de encontrarnos un fin de semana en la misma calle de la ciudad parecía remota.
Sí, sí es ella. No ha sido necesario buscarla en una discoteca, un concierto o un bar. Ella está ahí parada delante de mí. Y no la reconozco pero ella a mí sí, me llama por mi nombre y no por mi apellido como hacen muchos. Me gusta la fuerza que pone cuando pronuncia la jota y la ese. Se la presento a Martin y él la saluda pensando en la chica de la que le vengo hablando las últimas tres semanas con cierta emoción y alegría. Pero ve a su acompañante, la ‘P’ y sabe que no se quedará ella esa noche. Sabe que se portará como un santo entonces, viéndome jugar mis pobres fichas por Ana.
– ¿A dónde van ustedes?, pregunta ella.
–Íbamos por unas cuantas cervezas antes de volver a casa, ¿y ustedes?
–Vamos a recoger a una amiga a la Plaza Mayor.

Ante el malestar de Martin nos dirigimos a buscar a esa amiga sin saber que aquella noche él terminaría besándola. Sus pesados huesos le pesaban cuando pensaba en el largo trecho para recoger a la desconocida. Trato de romper el silencio con algún chiste improvisado. Hablamos de cine, de la universidad, como se encontraba en sus estudios, sin sospechas que entretenía más a la P que a Ana.
Quizás tratando de sonar más intelectual, pero ella no se sorprenden, también estudian lo mismo.
Era obvio que a mí me gustaba Ana y a Martin su amiga. Era obvio para todos menos para la P, ella era el problema, pues parecía ser la madre de ambas y por el contrario parecía ser la más tímida pero una vez en copas era la más extrovertida y jovial de las tres. La amiga de Ana sostenía una bolsa de papel marrón donde guardaba un macerado y tres “rubias” como llamaba a la cerveza.

¿Dónde las pensaban tomar? Me preguntaba, ellas me dicen que en la Plaza de Armas. Les digo que eso no se puede, que está prohibido. Y las tomamos a la espalda del Real Plaza, ellas eran unas chicas distintas, eran como nosotros pero mejores. Martin empezó a soltarse de a pocos y fue robándome el protagonismo (sobre todo cuando lo vieron orinar en el jardín del hotel Tacna) mientras yo, me reprimía las ganas de orinar y me iba quedando sin ideas y quedaba fuera del marco de la noche.
Martin afirma que me gusta más de la cuenta Ana, porque de alguna forma se parece a A, (una chica por la cual estuve enamorado un buen tiempo, para luego acabar por un sin razon de motivos) quizás no en sus ojos ni en su mirada, pero hay algo en ella que es igual. Aunque sé que es verdad lo niego tajantemente. Me gusta porque ella es divertida, espontánea y libre.

Sin embargo, cuando el macerado y las cervezas se acabaron, las chicas llenas de coraje se dirigieron a cualquier local para seguir tomando mientras Martin y yo esperábamos en la puerta del rock anda roll. Aun era relativamente temprano así que las convencimos de ir a continuar de la noche en cualquier antro de la av. Bolognesi. Pero ‘P’, la chica risueña, tenía que irse, no había pedido permiso a su madre y la hora la comprometía a regresar. Nos quedaríamos los cuatro solos. Aunque las chicas trataron de convencer a P de que se quedara y ella no lo hizo. Nos quedamos con ellas decidiendo si entrar o no a los bares del Centro.

Al final, entramos a latinos a regañadientes, un viejo bar karaoke que nunca falta en la larga alameda de esta ciudad. De haber escogido como en un principio escogió Martin el Cero hubiera terminado aquella noche en el hospital, dado que en la silla que hubiese estado sentado hubiese caído una botella cortada producto de una gresca entre dos ebrios por una chica, chica que también conocía pero no tanto como yo.

Una vez en aquel antro con el pisco y la cerveza encima no nos quedó otra cosa que bailar. Si es que de alguna manera se puede decir a los saltos descoordinados que dábamos de aquí para allá y viceversa. Mientras la noche nos iba bailando, Ana, la chica en la que había pensado constantemente, empezó a abrumarse con mi presencia y el correr de las horas, parecía no divertirse tanto como lo hacía su amiga con Martin, cuyos pasos eran propios de dos almas que han bailado siempre.

Nos sentamos en una de las muchas mesas vacías que aun quedaban en el local. Pensé en decirle que todo este tiempo he pensando en ella. Pero no lo hice. Ella tenía sed y le ofrecí una cerveza, ella pidió agua. Martin se ofreció a ir por la botella a la barra y su amiga le sugirió que la compre afuera y que vamos, te acompaño, le dijo.

Bailamos un par de canciones más, siempre intercambiando de parejas. Ahora era yo quien bailaba más con la amiga de Ana, cosa que incomodaba ligeramente a Martin, pero sin decírmelo. Al cabo de diez minutos, las chicas decidieron que era hora de marcharnos. Decidimos acompañarlas hasta sus casas, cosa que la amiga de Ana se negó rotundamente. Nos despedimos de ella y la noche pasó por nosotros.
Camino a casa, mientras camino algo descontento, Martin me confiesa visiblemente emocionado que ha besado a su amiga de Ana. Hay un pequeño silencio entre ambos, luego abordamos un taxi. La vida es una suma de coincidencias y no de casualidades me dice. Mientras yo tengo la imagen en la cabeza de la amiga de Ana besando a Martin, le doy una falsa palmada en el hombro, sin saber en qué momento pasó que no me di cuenta.

Martin parece leer mis pensamientos y me dice, no te mortifiques, no significó nada. Pero lo que no me dice es que él la ha forzado. Que ha intentado besarla cuatro veces y que al último intento logró hacerlo. Quizás era para olvidarse de su pequeño plantón, o quizás porque estaba empezando a enamorarse de ella.

Cuando me pregunta por Ana, yo me quedo callado, lo mío ha sido todo lo contrario. No le miento, no puedo hacerlo, siento que el taxista ríe. La situación entre ambos es tensa. Ya habrá tiempo para otras victorias, me responde Martin cuando baja del taxi.
Fue un largo camino a casa, vi como pasamos con el taxi por la casa de A, una persona que había estado viendo los últimos meses, sin más cuidado note lo mucho que me había acostumbrado a ella. Luego pienso que algunas cosas siempre tienen que cambiar, como Martin, que no parece ser el mismo de una noche atrás que fue derrotado por su desplante con su cita.

Es un hombre nuevo de mirada dura y herida. Le dije que la amiga de Ana es una chica que vale la pena, que no juegue con ella, me dice que no quiere jugar con ella, que no sabe lo que siente. Que no lo regañe, que yo le hablé de "A" hace tres meses que no le hablo, que soy un cobarde que no es capaz de entablar un simple conversación con alguien que estuvo conmigo por casi un año, que no vale la pena que Ana vuelva a aparecer en mi vida, y que menos aun ahora me ponga celoso por su amiga sólo porque se han besado, que nunca imaginó besarla, que yo debo perseguir a A hasta que se canse de mí o la conquiste, porque yo ya elegí y no hay vuelta atrás.

[CANCIÓN DE MAR DE COPAS, MUJER NOCHE, EL TRACK DE ESTE POST]




viernes, 19 de octubre de 2012

LAS MUJERES QUE HAY EN TI...





¿Cuántas mujeres hay en ti? Me pregunto mientras te escribo sosteniendo en la mano derecha un cigarrillo, llenando de cenizas el teclado obsoleto del ordenador, mi izquierda le da play al reproductor que toca por cuarta vez esa canción que me recuerda tanto a ti, a mí, a nosotros.

Estoy enamorado de todas las que puedes llegar a ser, de las que nunca serás, de las que nunca intentaste y de la que eres. Naturalmente, me cruzo con todas ellas, debido a tu múltiple desorden de personalidad es que están enredadas entre sí, como los pasadores de tus zapatillas. Además, de conocer todos tus temores, miedos, anhelos, aciertos, desaciertos, misterios, confesiones, lágrimas, risas, odios y de tu amor, de ese amor que es extraño y a veces no lo entiendo, o viceversa. De esa chica medio hippie-revolucionaria, de la promiscua y dulce, de la chica calculadora y misteriosa. En suma, amo a todas, porque todas tienen algo de ti.

La Misteriosa: Que está más allá de la lógica, lo común, de lo convexo. A esa la conocí hace más de un año, y sin saberlo también se enamoraría de mí con el devenir del tiempo. En aquel entonces no sabía nada de ella, ni siquiera su entrañable nombre, solo recordaba el brillo de sus ojos al mirar, al llorar, al reír; la misma que me presento mi mejor amigo, una tarde de julio, mientras salía a fumar un cigarrillo, sin saber si volvería a poder hablar con ella. Hasta un mes después, Ella cursaba los primeros ciclos de la Universidad, entusiasmada con sus clases de Jurisprudencia romana, latín y Derechos de personas I; le fascinada la vida bohemia del Centro, la belleza de las personas, perdimos horas caminando sin sentido por la alameda. Quien escuchaba mis monólogos y unipersonales sin reclamos ni enojos, empezó a salir conmigo sin querer. Algunos viernes, se volvieron nuestros días, sin embargo, jamás sabré si ella sabía de mis claras intenciones de ser algo más que su amigo, por aquel entonces ligera como siempre, salió con otro chico, con lo cual creí que sería el fin y no volvería a verla, pero ella me dijo, “que no significaba nada para ella”- la frase me dio esperanza y me disgustó, pues, a mi no me gustaría tener una novia que salga con otros muchachos que la aborden. No obstante, no importaba verla mucho, para saber que algo había surgido entre nosotros, quizás sin saberlo.

La revolucionaria: Fue una de las que me dejó impresionado y la que recuerdo con mayor nostalgia, con sus locas ideas y la de sus amigas, que doctrinaba su vida, ella hablaba de revolución, una actitud hippie de querer cambiar a la raza humana, quería rescatarme de la vida frívola que según ella ostentaba, Fue la misma que me contó gran parte de su pasado, que me decepcionó un poco. No obstante, fue esta a la que bese por primera vez.

La superior: Las veces que no te pude ver creí que era porque te faltaban ganas, que no me soportabas, que mis malas palabras te alejaban, que te habías dado cuenta de lo mal que te hacía, de lo nocivo que era mi presencia, en general, para la humanidad. Y sin embargo, cuando acabaste el ciclo, me sorprendió saber que tenías calificaciones resplandecientes. Habías hundido a todos esos abogados con el ego inflado, que se aplauden entre ellos, pero ahora tendrían que aplaudir su segundo lugar porque tú eras la primera, Seguramente le robaste horas a la noche, para leer línea por línea tu tan querido Código Penal. No te lo he dicho claramente pero me enorgullece que seas para mí la número Uno de tu clase. Y me avergüenza haberte reclamado que pases más tiempo conmigo, pedirte más salidas los fines de semana, pero ahora prometo defender tus buenas calificaciones, sino de la única manera que puedo: viéndonos menos y sólo cuando tú lo desees.

La ligera: Fue la que rompió mi corazón dos veces, y que me hizo llorar unas tres. Lo único que me importaba después de eso era comprar cervezas, fumar luckys, y ser invitado por mis amigos para tomar a donde me llevasen. Andaba ebrio la mayor parte del tiempo, ya que siempre me decías verdades a medias o poco creíbles. A la que insulte sin piedad, usando todos los adjetivos posibles para denigrar a una mujer en mi soledad, cuando no pude reconocer sus errores y mas no pude sacar de mi mente lo que me había dicho. Sin embargo, la seguí, persistí, la alcancé y me dejó entrar en ella, como pidiendo ayuda, siempre creí que yo era quien te rescataba pero fue ella quien me rescató a mí y me dio otra visión del mundo que antes no conocía: ser tolerante y tener confianza sin tener confianza, aunque de vez en cuando la idea de ser un victimario más en su lista me asustaba.

La trotamundos: Fue la que muchas veces no se encontraba en si misma, llevándose un poco de mí a donde iba, esté de donde esté, tratando hablarme siempre que podía, a la cual llamaba de vez en cuando, para escuchar su voz y saber si ella estaba bien, fue la que más falta me hizo, la que antes de partir me entregaba todo su amor, y yo le regala todo mi cariño, la que no le gustaba las despedidas, y la que más veces se fue. Ella es y será una de las que amé yo, pues fue entonces cuando entendí que estaba perdidamente enamorado, los días, las semanas, los meses que no estuvo a mi lado, la extrañe como nunca, y llore un par de veces para que regresara pronto, nunca un calendario fue tan despreciable, y que con el tiempo sé que volverá a partir, siempre al regresar me llenaba de besos, abrazos, recuerdos, anécdotas y de vez en cuando se acurrucaba en mí.


La hermana mayor: Quizás muy pocos conozcan esta faceta en ti, que tu eres una persona muy tierna, la cual cuidas a tu primo como un hermano, al cual extrañas cada vez que no está contigo, el que se encarga a veces de alegrarte la vida.
La Freak: Es la que odia las etiquetas pero etiqueta a los que no son como tú y tus amigos, detestas el latín, las comedias cursis, le gustan las películas de terror y casi cualquier género, las balabas te enferman, gustas por libros de autores desconocidos y la literatura bizarra, admiras a los homosexuales, por definir abierta su opción sexual y quizás porque una vez dudaste y experimentaste en ti misma. Odias las fiestas y prefieres las reuniones. Por eso, te molesta las chicas que pierden tanto tiempo en maquillaje, vestido, peinado.  Sabes que para verte linda, simplemente necesitas un buen duchazo, un par de polvos, sombras por aquí y por allá, para ver la belleza natural que posees.

Aún guardas con poco de ellas, las risas, los abrazos, los besos, las peleas y reconciliaciones, siempre traté aprender algo de todas, no sé si hubo un compañero para cada una de ellas, pero sí que las quise a todas.

¿A qué otra mujer conoceré ahora?





jueves, 7 de junio de 2012

Chico, tienes que cuidarte! :D

[POST RETRASADO - FECHA ORIGINAL 03-06-12]
Es Domingo por la mañana y estoy tumbado en mi cama con 39 de fiebre. Mi cuerpo no ha soportado el maldito fin de semana y ha caído, abatido, extenuado, viejo al fin, presa de un catarro y de unos malditos escalofríos que son como electroshocks de mediano voltaje.
No solo me tortura el dolor de cabeza, sino también el resfriado, que se manifiesta con esa minúscula pero profusa catarata de mocos que fluye al interior de mi nariz y que trato de contener infructuosamente con perecibles pelotitas de papel higiénico. 
Lo peor es que, como soy alérgico a casi todas las medicinas, y con la recomendacion del doctor solo puedo tomar tabletas de Panadol, cuyo sencillo compuesto generico no le hace ni cosquillas a esta puta fiebre otoñal. Y para empeorar toda la situación me dan los resultados de mi ultima análisis de sangre, francamente es mejor no hablar de ello.
No sé si lo que más me molesta es el resquebrajamiento temporal de mi salud, o esta sensación de absoluta inutilidad y dependencia. Refundido sobre el colchón, soy un completo cero a la izquierda. Si no fuera por mi mamá –que cada dos horas viene desde la cocina trayéndome un té con limón y paños de agua fría– sería hombre muerto.
Por si fuera poco, no solo estoy enfermo, sino también adolorido. Hace dos días se me ocurrió jugar fulbito con unos amigos del Cole, hice un movimiento de pierna algo grotesca, y me realice "nose como francamente, un corte en un ligamento". Inmediatamente sentí una aguijoneada en pierna y en el pie derecho. Pensé que se trataba de un típico mal movimiento, nada serio, quizá un ‘aire’, como les gusta decir a las mamás. Al día siguiente, sábado, no pude soportar más las punzadas y volé a la consulta de la doctora,  junto a mi madre. La doctora que me revisó en una camilla de Emergencia no tuvo ninguna duda al momento de darme su frío diagnóstico: “uy, hijo, tienes una fisura de cuidado en tu pie derecho, tienes que pasar dos días en total reposo”.
No sé ustedes, pero yo relaciono la palabra ‘fisura’ con aquel viejito achacoso y reumático que salía en la propaganda de Dencorub hace años y que, para probar su vigencia atlética, le zampaba una nalgada a la enfermera cuando pasaba delante de su silla de ruedas.
Cuando la doctora me explicó la naturaleza de la lesión, me sentí viejísimo, acabado. ¿Yo? ¿Fisura? Imposible, pensé. Tanto me costó asumirlo que le mentí a la doctora acerca de los cuidados que tomaría para evitar un recrudecimiento. Le prometí aplicarme la pomada que me recetó y refugiarme todo el fin de semana en la tranquilidad de mi habitación. Por dentro, claro, sabía perfectamente que no iba a obedecer un ápice de sus instrucciones.
Cuando regresé a casa, mi hermana me interrogó: “¿y qué te dijo la doctora? Seguro que tienes que quedarte en cama”. “No, no es nada, una cosa muscular, nada más”, mentí otra vez.
Llegó el sábado por la tarde, me fui muy de prisa de mi casa con destino a la Parro, forcejeé tratando de soterrar los rigores de la fisura, me mentalicé dándome ánimos, repitiendo en voz alta que no era ningún viejito de mierda, e hice todo lo contrario de lo que sugería la señora doctora. Hice algunas dinamicas, corrí, hice todo con total regularidad, de un lado a otro ahí nomas –¡crack!– sentí que mi pierna se partía como si fuera una galleta de vainilla.
“Auuuu, carajo”, grité, cerrando los ojos sin poder reincorporarme, ante la mirada desconcertada de Patty y de la gente que estaba alrededor, que no entendía en qué diablos consistía ese nuevo y extraño comportamiento dentro de mi grupo. Un despistado taradin, creyendo que yo solo me encontraba bromeando no tuvo mas idea que imitarme, quedándose el de rodillas a mi lado, moviendo los hombros y sonriendo como un tarado. El individuo se demoró un largo minuto en percatarse de que lo que me tenía ahí, en cuclillas sobre el cemento, no era precisamente hacerlaes una jodida broma como siempre, sino era e maldito dolor de la  jodida Fisura.
Al final logré recuperar mi estabilidad y, doblado, en ángulo de noventa grados, chillando de dolor y de vergüenza, fui hasta donde estaban mis amigos para suplicarles que me llevaran de inmediato a mi casa.
Fue gracias a esa osadía estupida de no hacer caso a las sugerencias de la doctora que ahora estoy aquí, tieso, macilento, vendado, soportando los hincones de la contractura y la calentura inmisericorde de la fiebre.
Es en momentos como estos que le reclamo a la vida una novia, una chica que me engría, que me cuide, que me provea de mimos y que me tome la temperatura, y se quede a mi lado leyendo revistas, mientras yo me recupero.
Aunque, claro, tal vez no sea una buena idea del todo, considerando que también en la enfermedad los novios se las arreglan para ejercer uno de sus pasatiempos favoritos: discutir.
Si es uno el que está enfermo, reclamará hasta el chantaje sentimental que la pareja permanezca al filo de la cama y se olvide de sus planes de diversión. Por el contrario, si es el otro el que cae constipado, uno tratará de hacerle entender que su estado, por muy delicado que sea, no puede recortar la libertad de nadie. En ambos casos, uno siempre exagerará su postura para ganar la pulseada y promoverá maquiavélicamente una gresca para hacer sentir mal al otro.
No se porque estos casos ya me parecen tan comunes, el devenir de mis amigos se encuentran en ellos, tales son las oportunidades que ellos ya saben como actuar, dichas perturbaciones sentimentales por parte de sus novias son:
–“Si quieres anda y diviértete con tus amigas, cof, cof (tos de mentira). No te preocupes por mí. Me quedaré aquí, aburrido, postrado en el lecho del dolor, viendo entre sueños la escuálida cara de la muerte”.
–“Ay, amor, no seas trágico. Hoy es mi fiesta de fin de ciclo. No puedo dejar de ir. El plan era ir contigo pero no puedes. Además, me he quedado contigo desde la mañana”.
–“Está bien, anda, yo no te retengo, pero que conste ah. Cuando tú estés enferma y mis patas organicen una encerrona, yo no me quedo contigo ni a palos”
–“Pero no vas a comparar, pues, gordo. una fiesta que estaba planeado desde hace meses, en cambio los malogrados de tus amigos se reúnen todos los fines de semana. No seas egoísta”
–“¿Perdón, dijiste ‘malogrados’? ¿Por qué hablas así de mis amigos ah? Sabes qué, ya, anda nomás con las aguantaditas esas de tus amigas. Déjame aquí, enfermo, yo me las arreglo”
–“Está bien, me voy” (con portazo de puerta)
–“¡¡¡Chau, vete, miserable, y ni siquiera se te ocurra llamarme para ver cómo estoy. Y ojalá que se pudran todos en esa fiesta de medio pelo!!!!”
Polémicas como esa se desatan entre los novios cuando uno de los dos cae infectado por un virus. A pesar de esa posibilidad, qué bien me caería en estos momentos una enamorada que se la juegue por mí.
Uno de los argumentos que más utiliza mi mamá cuando quiere convencerme de que tengo que encontrar una mujer que me ayude a centrarme en la vida, precisamente con ese punto. “Un hombre siempre tiene que tener a una mujer a su lado. El hombre protege, pero la mujer es la que cuida”, me dice mi mami, mientras me alcanza otra taza de té con limón, y me unta Mentholatum en los bordes de la nariz como cuando era niño.
Ella me habla, y en sus ojos parece proyectarse una de esas escenas del pasado donde ella, esposa abnegada y servicial, cuidaba a mi papá. “Me haces acordar a tu papá, que era un inútil cuando se resfriaba”, me dice, riéndose, y yo me río con ella y juntos nos ponemos alegremente tristes.
Cuando estás enfermo y tienes novia también puedes beneficiarte intercambiando información sobre el modo en que ella aliviaba sus males cuando era niña. Con la novia compartes e intercambias útiles remedios caseros, medicinas domésticas, tradiciones de familia, impagables secretos de las abuelas.
Ahora, con la lap top de mi hermana  sobre las rodillas, me meto al Messenger y encuentro a Majo, una linda chica, amiga de la infancia que hoy se encuentra en arequipa estudiando y que se ha compadecido de mí a través del chat. Le digo que estoy enfermo, con fiebre y malestar, y me sugiere tomar un ‘Huaracazo’.
–¿Qué es eso, Majo, acaso me quieres envenenar?
–Ja, no seas tonto. Es un remedio infalible. Dos cucharadas de pisco, una de miel de abeja, un limón exprimido y agua caliente. Ya vas a ver. Varias generaciones de mi familia se han quitado la gripe con eso.
–Mil gracias, amiga, eres oficialmente mi enfermera on line
–Qué buena. Te prometo que en carnavales me disfrazo de eso: enfermera on line. Ja, ja, ja. Mejórate, chico, un beso y no te calatees pues.
Efectivamente, el ‘Huaracazo’ de Majo palió los síntomas más bravos de la gripe. Pero aún sigo tumbado en mi cama, con un dolor por la Fisura que –para decirlo bíblicamente– me hace ver a Judas en traje de Adán.
Me siento débil. Hace tiempo que no añoraba tanto la compañía de alguien. Espero recuperarme pronto y levantarme de esta cama de porquería y volver a trabajar.
Ojalá que la próxima vez que la enfermedad me tumbe, haya alguien al costado que me acurruque, que me haga piojito en la cabeza; que me rasque la espalda ahí donde mi brazo no llega; que me aplique delicados masajes; que resuelva crucigramas conmigo; que compre películas (aunque sea piratas) y se siente a verlas sin miedo de que la contagie; y que así, con todo su desinteresado afecto, evite que me ponga a escribir textos desesperadamente patéticos como este. JAJAJA debería estar muerto creo yo, pero lamentablemente la vida no me quiere dar soluciones tan fáciles, es hora de zafar, no tengo mas opciones, me he metido en demasiados conflictos, así como he visto a judas con el implacable dolor, en la vida real vi a un judas que me causo mas dolor que una patada en la webos, ahora me encuentro solo, pero creo que en el fondo necesitaba tiempo para pensar muchas cosas, y aun necesito mucho mas, siempre con muchos conflictos todos y yo siempre ahí tratando de ayudar a los demás, pero nunca me preocupe por solucionar mi conflictos.

Creo que es momento de arreglar todo lo que hice mal, todo aquello que hasta escondía de mi.

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